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El efecto avestruz

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Por Luis Alberto Ramirez ()

La miseria del pueblo cubano no existe para aquellos que no la sufren. El gobierno mira para otro lado, introduce la cabeza en la arena o simplemente niega vehementemente que en Cuba la miseria es un invento del enemigo. Afirman que los odiadores, los fabricantes de opiniones, influencies terroristas o el imperialismo yanki son los responsables de tales fabricaciones.

Miguel Díaz-Canel se pronunció este martes en sus redes sociales sobre la polémica generada por las recientes declaraciones de la ministra de Trabajo y Seguridad Social, Marta Elena Feitó. Ella negó la existencia de mendigos en Cuba y calificó de “disfrazados” a quienes sobreviven en las calles limpiando parabrisas o recogiendo basura.

“Muy cuestionable la falta de sensibilidad en el enfoque de la vulnerabilidad”. Dijo el gobernante, para luego agregar la siguiente diatriba, “la Revolución no puede dejar a nadie atrás, esa es nuestra divisa, nuestra responsabilidad militante.”

Los cubanos estamos más atrás que nunca

¿Cómo que nadie atrás, si los cubanos están más atrás que el back stop? Los cubanos están pasando el mar por el fondo sin escafandra y más hambre que un ratón en una caja de clavos.

La ministra Feitó fue ampliamente criticada tras afirmar, durante una sesión parlamentaria, que en Cuba “no hay mendigos”. Según ella, las personas en situación de calle adoptaron un “modo de vida fácil”.

¿Fácil? (Esta tipa llama vida fácil vivir en la calle mendigando comida y pidiendo limosna).

También aseguró que quienes hurgan en la basura “no están buscando comida”, sino “recuperando materias primas”. Incluso sugirió que muchos violan la ley al actuar al margen del “fisco”.

El comentario de Díaz-Canel no incluye compromisos concretos ni medidas inmediatas. Solo reafirma la narrativa oficial de “no dejar a nadie atrás”, en un país donde la pobreza extrema ha dejado de ser excepcional para convertirse en norma.

Mientras el gobierno culpa a factores externos y exige “creatividad colectiva”, las calles de La Habana y otras ciudades del país siguen siendo el escenario de una miseria cada vez más inocultable. Sin embargo, a ellos les importa una mierda. Con meter la cabeza debajo de la arena es suficiente.

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