Le temen a una mujer con un cartel

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Por Miryorly García

La Habana.- Este 18 de agosto de 2026 y en apoyo a Alina me sumo a sus demandas, a su gesto y actitud de perseverancia cívica. Le temen tanto que cada 18 ahora la detienen. Vaya debilidad la de un régimen que le teme a una mujer con un cartel. Le teme cuando se manifiesta y hasta teme juzgarla por atreverse. Porque ella les ha ganado de antemano.

Cada día son menos los lugares que encuentro con conexión para actualizar Facebook. Nos desconectan de a poquito, de las redes y de la vida, como cuerpos moribundos que agonizan en una UCI y alguien con muy malas intenciones quiere desconectar de los equipos para que se acabe de morir, supuestamente de muerte natural.

Me desperté hoy pensando en que estos desgraciados deben creer, en su soberbia brutalidad, que están ganando por la fuerza, mientras cada día cavan más profundo su propia tumba. En esta guerra presumo que no habrá vencedores.

Del lado nuestro lamentaremos siempre el tiempo que nos han hecho perder, los abrazos que nos han robado, las vidas gastadas en verlos caer. Y ellos solo ganan día tras día añadiendo hojas a su listado de injusticias y crímenes, que es a la larga vivir perdiendo.

Matar lentamente a un pueblo haciéndolo carecer de todo, incluso de agua y medicamentos, es de una monstruosidad espantosa. Y para colmo, hay gente lucrando de esas miserias, de la falta de agua, de medicamentos, de luz y hasta de efectivo. Nos estamos deshumanizando.

El día 11 de este mes se nos fue una verdadera ganadora, Inés Casal. Sin proponérselo se convirtió en un ideal para muchos de madre, mujer, cubana y patriota. Lúcida y valiente guerrera hasta el final, ella sí les ganó moralmente, y si un día veo caer la dictadura, será en ella y en mi abuela, que el pasado 15 de agosto hubiese cumplido 100 años, en las dos mujeres que piense.

También hay un valiente dando un grito al mundo con una huelga de hambre, Guillermo del Sol. Pero nadie escucha ya los SOS Cuba. No solo se ha banalizado el mal, sino también el dolor y los gritos de tanto acumularse. Y así, se va haciendo banal también ya, ganar o perder. Mi solidaridad con él, ahogada en la impotencia porque cada día voy perdiendo más la fe en nuestra capacidad para salvarnos por nosotros mismos.

Yo creo que el más lúcido sigue siendo Virgilio. Yo también tengo miedo.

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