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Por Jesús Hernández Villapol (Crónicas Jupíter)

Hay expresiones que no necesitan argumentos. El solo hecho de escucharlas transmite a la perfección lo que se quiere expresar. Por ese motivo solo basta decir: “Willy Chirino es buena gente”. No hace falta más para definir al cantante, instrumentista y compositor cubano.

Cuando nos detenemos en su vida, que ya está rondando los 80 (Consolación del Sur, Pinar del Río, Cuba, abril 5, 1947), lo sentimos como alguien familiar. Mediante su música ha calado en la esencia de los cubanos. En especial por la humildad con que asume lo que significa su obra para los que se encuentran dentro o fuera de la isla.

Guarda en su recuerdo más íntimo la forma en que emigró a Estados Unidos siendo apenas un adolescente. Esto fue parte de la controvertida “Operación Peter Pan”, en que más de 14 000 menores no acompañados, entre 6 y 18 años, en el período de 1960 a 1962, salieron de Cuba. Escapaban del Comunismo por temor a que a los padres les fuera revocada la patria potestad por el gobierno de Fidel Castro.

Hoy visto desde mi perspectiva de padre es una decisión extremadamente traumática, tanto para los niños, como para sus familiares.

Sus canciones son crónicas

Una de sus canciones de mayor trascendencia, “Ya viene llegando”, devenida himno a la esperanza, narra de forma poética el acto de salir de la patria. Lleva en su equipaje “un colibrí, un libro de Martí, un sueño y un danzón”. Esta canción me trasladó a finales de la década de 1960. Entonces vi llorar a mi abuelo, con menos de 10 años; mientras despedíamos a mi tío en el aeropuerto de La Habana. Se marchaba a Miami con la incertidumbre de cuándo nos volveríamos a ver.

No puedo imaginar qué pasó por la cabeza de mi abuelo en ese instante. Llegó a América con 20 años y nunca regresó a su Galicia natal. Por eso llevaba a cuestas las huellas de las profundas heridas que marcan al emigrante. Este tipo de sentimientos desata la creación de Willy Chirino, quien tampoco ha podido hacer el viaje de retorno, ni siquiera de visita.

Su música es fruto de lo que ocurre 90 millas al sur. Un ejemplo es “La jinetera”, una canción de 1995. Esta obra hace alusión a las mujeres que optan por prostituirse como medio de vida. Son chicas que en cualquier lugar del verde caimán “están en el fuego”, como definen el oficio, “porque esto está malo” (para referirse a la escasez y sinsabores que vive nuestro país).

Otro de sus grandes valores es la sensibilidad para convertir en arte los complejos pasajes de la cotidianidad inherentes a la tierra que lo vio nacer. No hace concesiones al mal gusto. Me admira cómo abre las puertas a otros músicos que hacen todo lo contrario. Esto pone en alto su extraordinaria sencillez, siempre presto a tender la mano.

Su obra es un auténtico canto de vida y compromiso con la libertad de Cuba. Por eso es merecido que se diga: Willy Chirino, simplemente, “buena gente”.

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