La portada del día: cómo convertir un viceministro en un salvapatrias

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Por Anette Espinosa ()

La Habana.- Qué alegría, qué júbilo, qué portada para la página web de la Presidencia. Miguel Díaz-Canel ha recibido a Serguéi Riabkov, viceministro de Exteriores de Rusia, y el protocolo se ha vestido de gala para la ocasión. Porque cuando uno necesita desesperadamente que el mundo vea que todavía tiene amigos —y más si son amigos con petróleo y bombas nucleares—, cualquier visita de medio pelo se convierte en un acontecimiento histórico.

El régimen le echa bombo y platillo a la llegada de un número dos de un ministerio ruso como si fuera la segunda venida del Che Guevara montado en un tanque soviético.

El mandatario cubano, necesitado de protagonismo como un adolescente en busca de likes, no pierde la oportunidad de soltar la frase que sus asesores le escribieron en mayúsculas: «Es un placer recibirlo en Cuba. Aprovechamos para enviarle un abrazo a nuestro querido amigo, el Presidente Vladimir Putin».

Un abrazo, dice. Porque claro, Putin debe estar en estos momentos pensando: «Ojalá me abrazara Díaz-Canel». El nivel de cursilería diplomática es directamente proporcional al nivel de desesperación del régimen.

La soledad acompañada

Y entonces llega el momento del agradecimiento, que es la parte del libreto donde Díaz-Canel se pone serio —o lo intenta— para dar las gracias por el combustible ruso. «En nombre del Partido, el Gobierno y el pueblo cubanos», dice, como si el pueblo hubiera votado en asamblea para agradecerle a Moscú unas cuantas toneladas de petróleo que apenas tapan el hueco de los apagones.

Asimismo, califica el gesto de «gran significación y mucho simbolismo», que es la forma elegante de decir: «Con esto no nos alcanza, pero al menos no nos hundimos del todo».

Lo gracioso —o lo triste, según se mire— es que el mandatario insiste en que esto demuestra que «Cuba no está sola». Ah, ¿no está sola? Entonces, ¿dónde están los demás? ¿Dónde los amigos de América Latina, los socios comerciales de Europa, los inversores del mundo libre?

La lista se ha ido vaciando como un hotel sin turistas, y al final solo quedan dos en la fiesta: un régimen que se desmorona y otro que está sancionado hasta en la sopa. Vaya soledad acompañada.

Un parche mediático

Riabkov, por su parte, hace su papel con la disciplina de un funcionario soviético de la vieja escuela: agradece, sonríe, y suelta la frase que el presidente cubano espera oír: «Rusia está ciento por ciento solidaria con Cuba, a pesar de la complejidad por la que atraviesa el país, estamos al lado de ustedes».

La complejidad, dice. El eufemismo del año. Porque la complejidad se llama bloqueo, sí, pero también se llama ineficiencia, censura, falta de inversión y una diáspora que no para de crecer. Pero mejor no meterse en eso.

Al final, la visita del viceministro ruso es exactamente lo que parece: un parche mediático para que Díaz-Canel pueda posar en la web presidencial con alguien que no sea uno de sus ministros, un chico al que le entregan un carne para militar en algo, o un amigo de izquierda de cualquier lugar.

El bombazo en la página oficial, el titular grandilocuente, el «abrazo a Putin»… todo para intentar convencer a unos pocos ilusos de que Cuba todavía pesa en el tablero global. La realidad, mientras tanto, sigue siendo tozuda: un país a oscuras, una población harta y un régimen que ya solo recibe visitas de aquellos que tampoco tienen muchos más sitios a donde ir. Viva la amistad.

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