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Un puño de acero en guante de seda

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Por Sergio Barbán Cardero ()

Miami.- El elogio de Trump coloca a Marco Rubio como pieza clave del Partido Republicano y reaviva la esperanza del exilio cubano. Para un cubano, Marco Rubio no es un senador más ni un secretario de Estado elegante en Washington. Es uno de los nuestros. Hijo de exiliados, nieto de una historia rota por dos dictaduras, la de Fulgencio Batista y Fidel Castro, alguien que entiende; no por libros, sino por herencia, lo que significa perder un país sin haberlo dejado nunca del todo.

Por eso, cuando Trump lo elogió públicamente en su discurso, no fue un gesto neutro. Para nosotros no sonó a protocolo. Sonó a reconocimiento, a validación de una historia colectiva que durante décadas fue tratada como ruido incómodo en la política internacional.

Ese piropo tiene varias capas. En lo emocional, fue orgullo. Ver a un cubano de orígenes ocupar un lugar central en el poder estadounidense, hablando con autoridad sobre Cuba, Venezuela y América Latina, rompe la narrativa de invisibilidad que el exilio cargó por años. No es revancha, no es odio, no es venganza como muchos dicen, es dignidad.

En lo simbólico, fue esperanza. Para nosotros los cubanos de dentro y fuera de la isla, Rubio representa la idea de que la libertad no es una consigna abstracta, sino una política posible, defendida por alguien que sabe exactamente contra qué estamos luchando.

Pero en política no todo es emoción. Desde el punto de vista estratégico, el elogio de Trump sitúa a Rubio en una vitrina mayor. No como simple funcionario, sino como figura certificada del núcleo duro del trumpismo. Ya no es el “Rubio moderado” de hace años. Es alguien con línea dura, disciplina y credenciales MAGA. ¡Un puño de acero dentro de un guante de seda!

La causa cubana en el tablero

Y aquí viene la pregunta clave: ¿Ese piropo lo coloca como posible heredero político de Trump? La respuesta honesta es: sí, lo coloca en la conversación, aunque no lo convierte automáticamente en candidato inevitable.

Ver vídeo: (https://www.facebook.com/reel/1211861091122290)

Trump no improvisa elogios. Cuando bendice públicamente a alguien, le abre una puerta, pero también le pone una marca. Rubio queda señalado como una opción de continuidad institucional; con raíces en el exilio, capaz de sostener una política firme hacia Cuba, Venezuela e Irán sin necesidad de explicarla demasiado.

Para el trumpismo, Rubio tiene algo que pocos tienen; historia personal coherente con el discurso, credibilidad internacional y una narrativa que conecta con libertad, orden y firmeza. Para nosotros, los cubanos, el mensaje es aún más claro; si hay continuidad, no será blanda. No habrá romanticismo con dictaduras ni concesiones maquilladas. El elogio fue una forma de decir: ¡la causa cubana sigue en el centro del tablero!

Eso no significa que Rubio sea un salvador ni que la libertad esté a la vuelta de la esquina. Pero sí significa algo importante; nuestra historia no está siendo negociada en silencio.

Trump no habló solo de Marco Rubio. Habló de una línea, de una herencia política… y, para muchos cubanos, habló de la posibilidad; todavía lejana, pero no extinguida, de ver la libertad como una promesa y convertirse en política de Estado.

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