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Por Redacción Internacional
La Habana.- El discurso del estado de la Unión de Donald Trump fue, fiel a su estilo, una mezcla de triunfalismo económico, retórica nacionalista y promesas de mano dura. Desde el inicio dejó claro que su administración ha devuelto la grandeza a Estados Unidos, insistiendo en cifras de crecimiento, creación de empleo y fortalecimiento de la industria nacional.
Presentó su gestión como una ruptura con el “fracaso” de administraciones anteriores y se colocó en el centro de una narrativa de rescate patriótico.
En materia económica, defendió sus políticas de recortes fiscales y desregulación, argumentando que impulsaron la inversión y beneficiaron a la clase trabajadora. Habló de relocalizar empresas, proteger la producción nacional y reducir la dependencia de potencias extranjeras.
Su mensaje fue claro: Estados Unidos primero, incluso si eso implica tensiones comerciales con aliados históricos.
En el apartado migratorio, Trump volvió a insistir en la seguridad fronteriza como prioridad absoluta. Reforzó la necesidad de medidas más estrictas, incluyendo la ampliación de infraestructuras en la frontera sur y mayores controles para frenar la inmigración irregular.
Presentó la inmigración ilegal como un desafío directo a la seguridad y a la estabilidad económica del país, una línea discursiva que ha sido constante en su carrera política.
En política exterior, reivindicó su enfoque de presión sobre adversarios estratégicos y de revisión de compromisos internacionales que, según él, perjudicaban a Estados Unidos. Defendió el aumento del gasto en defensa y subrayó su intención de negociar desde una posición de fuerza.
Al mismo tiempo, resaltó acuerdos comerciales renegociados como prueba de que su administración prioriza los intereses estadounidenses por encima de cualquier consenso global.
El tono general del discurso combinó apelaciones al orgullo nacional con críticas abiertas a la oposición demócrata. Trump buscó proyectar liderazgo firme y determinación, reforzando la idea de que su proyecto político representa un cambio estructural frente al “establishment”.
Más allá de los aplausos y las divisiones partidistas, el mensaje dejó claro que su visión de país pasa por un nacionalismo económico, control migratorio estricto y una política exterior basada en la confrontación estratégica.