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The Madison, una serie que ridiculiza el wokismo idiota que está hundiendo a América

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Por Carlos Carballido ()

Dallas.- Me topé por casualidad con la última producción del guionista Taylor Sheridan y, sin duda, ha sido la mejor propuesta de entretenimiento que he visto en los últimos meses.

De profundas raíces texanas, Sheridan nos entrega The Madison, estrenada por Paramount+ en marzo de 2026. Se trata de una joya visual y dramática que rompe de cuajo varios esquemas típicos de las producciones mainstream actuales.

La serie se centra en el dolor real de una familia neoyorquina que pierde a uno de sus miembros en un accidente aéreo y se traslada a Montana.

Sheridan, creador de Yellowstone, explora la resiliencia, las conexiones familiares y el choque cultural entre la vida urbana cómoda y la rudeza del campo, sin insertar lecciones ideológicas forzadas.

Muestra la vida en Montana sin romantizarla ni demonizarla. Destaca la autosuficiencia, la comunidad local, el contacto con la naturaleza y tradiciones que construyeron Estados Unidos: el rancho, la solidaridad entre vecinos y la capacidad de afrontar dificultades extremas. Todo ello contrasta con la alienación y la fragilidad de la gran ciudad.

Los críticos progresistas la atacan precisamente por esto, tachándola de “anti-elitista”, “culture-war nonsense” o “odio codificado” contra Nueva York y los ricos urbanos que impulsan la agenda woke.

El elenco principal —Michelle Pfeiffer, Kurt Russell y Patrick J. Adams— y la familia Clyburn son predominantemente blancos, sin necesidad de diversidad forzada para cumplir cuotas. No hay subtramas de activismo identitario, pronombres, agendas raciales ni de género impuestas.

Una lección de vida

Sheridan escribe personajes complejos, con defectos y fortalezas reales, sin sermones. Dibuja con acierto el ambiente de respeto rural e incluso la convivencia sana entre nativos y “peregrinos”.

En sus seis capítulos encontramos una lección de vida basada en la integridad de la familia. El papel del hombre como guía y proveedor se refleja con fuerza en el personaje de Preston, interpretado por Kurt Russell. Ante la pérdida, es Stacy (Michelle Pfeiffer) quien asume el liderazgo y demuestra que renunciar a “cambiar de vida y cerrar capítulos” también es una opción válida cuando se ha construido un amor sólido de pareja. Queda claro que es la matriarca quien edifica ese compromiso fiel y consciente, no a través de sentimientos dulcificados o romanticismo barato.

The Madison retrata la vida cruel, los cambios drásticos de circunstancias y alerta sobre la idiotez del wokismo, que deconstruye a los seres humanos hasta volverlos frágiles e inútiles cuando el dinero y la comodidad desaparecen.

Cada diálogo es una lección humana y moral que el mundo occidental está perdiendo. Es una oda a la simplicidad que todo ser humano debería buscar y un homenaje silencioso a los pilares que hicieron grande a esta nación.

El mensaje se mantiene firme hasta las últimas escenas, donde incluso la Segunda Enmienda aparece representada de forma natural.

Al verla, lamenté profundamente haberme anclado en la vida citadina. Debería haber dejado atrás el celular y la comodidad para afrontar los desafíos reales, como hizo Stacy, aunque eso implicara defecar en una letrina llena de avispas.

Creo que muchos que ya peinamos canas tendremos la misma sensación. Lo malo es que hoy son pocos los que estarían dispuestos a aventurarse a algo así.

Esta serie hay que verla.

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