Por Carlos Carballido ()
Dallas.- Tras el desastre del gobierno de Obama al debilitar el programa espacial estadounidense —lo que dio ventaja a Rusia y China—, la administración Trump parece dispuesta a revertir la ecuación con la nueva misión lunar del Artemis.
Solo porque el lanzamiento desde Cabo Cañaveral tuvo lugar en el April Fools’ Day (el Día de los Inocentes anglosajón), se dispararon las arcaicas y ahora renovadas teorías conspirativas que durante décadas intentan demostrar que todo ha sido falso.
Lo más socorrido es que presentan como evidencia un viejo clip del director de 2001: Odisea del espacio, Stanley Kubrick, “confesando” que había sido encargado de filmar el falso alunizaje ocurrido el 20 de julio de 1969 a través del Apolo 11.
Quienes insisten en esa teoría demuestran una soberana ignorancia.
Solo una broma
Los videos que circulan no son del Kubrick real, sino de un actor llamado Tom Mayk que lo imita en el mockumentary satírico francés Opération Lune (2002), que al final muestra los “outtakes” para dejar claro que es una broma. Punto.
Desmontar el mito sería sencillo si no fuera porque la conspiración tiene una naturaleza religiosa: no necesita pruebas, solo fe. Pero una fe cargada de ignorancia y mala leche, solo para ridiculizar a Estados Unidos.
Sin embargo, hay un dato que pocos negacionistas mencionan. En 1969, la URSS —rival, espía y principal competidor de la NASA— contaba con potentes radares y estaciones de seguimiento que monitorizaban cada movimiento del Apolo.
Si los estadounidenses hubieran fingido el alunizaje, los soviéticos se habrían enterado antes de que Neil Armstrong dijera “un pequeño paso…”. Y no habrían perdido la oportunidad de exponer el mayor montaje de la historia. En la Guerra Fría no se regalaban los golpes propagandísticos.
Muchos prefieren la ficción a la realidad
El Apolo 11 no fue un evento aislado. Hubo seis misiones que aterrizaron en la Luna, con doce astronautas que caminaron sobre su superficie, tomaron muestras, instalaron equipos y dejaron retroreflectores que siguen siendo usados hoy por observatorios para medir la distancia Tierra-Luna con precisión milimétrica.
Las muestras de roca lunar, de composición distinta a cualquier material terrestre, se encuentran en laboratorios de todo el mundo. Ningún estudio serio las ha clasificado como “engaño cinematográfico”.
El regreso a la Luna mediante el programa Artemis ha hecho lo que siempre hace el progreso humano: reabrir el baúl de las sospechas. Pero hay una diferencia clave: en los sesenta, la competencia era entre superpotencias; ahora, el escrutinio es global.
Empresas privadas, cámaras HD, telemetría abierta y hasta astrónomos aficionados siguen cada etapa del viaje. Pretender en 2026 que se pueda “simular” un vuelo lunar con la misma impunidad que en la era analógica es negar medio siglo de tecnología y transparencia.
El problema no es que algunos crean que Kubrick filmó el Apolo 11. El problema es que nunca falta quien prefiere la ficción a la realidad. Porque la ficción, por muy absurda que sea, siempre vende mejor que un informe técnico de la NASA, y sobre todo cosecha más likes alimentados por la ignorancia colectiva.
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