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Por Luis Alberto Ramirez ()

Cada vez que el pueblo cubano se manifiesta en contra de los resultados desastrosos del régimen de Cuba, lo único que se le ocurre a los dirigentes comunistas es pedirle que confíen en la revolución. Y es que la revolución ya, a estas alturas, es una metáfora, una especie de farol que lo único que le queda es alumbrar pa’trás.

Confiar en la Revolución fue la única opción que ofreció la secretaria del Partido Comunista de Cuba (PCC) en Gibara, Nayla Marieta Rodríguez Leyva a los cubanos que protestaron durante la madrugada del domingo tras pasar un día completo sin electricidad.

¿Cómo se puede confiar en una revolución fracasada y un régimen que en lugar de dar soluciones da escusas? Un gobierno que se aferra a la continuidad de un pasado lleno de fracasos económicos y sociales.

Mientras el régimen de Cuba fue satélite de la Unión Soviética, todo iba mejor que ahora, sin embargo, esa bonanza no fue por el esfuerzo revolucionario ni por el supuesto progreso en salud y educación de la revolución, sino debido al financiamiento sostenido del campo socialista…

Ya nadie confía en la revolución cubana, todos los cubanos odian el sistema, pero lo soportan y en ocasiones lo defienden simplemente por oportunismo y miedo, es la única forma que le han dejado a los cubanos para sobrevivir, el cinismo y la doble moral.

El verdadero legado revolucionario es un pueblo resignado, atrapado entre la rabia, la impotencia y la supervivencia.

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