FINAL DE LA LIBRERÍA COMO IMÁN ESPIRITUAL

Por Arnoldo Fernández () Contramaestre.- Visitar la librería de mi pueblo, tres o cuatro veces a la semana, era una de mis obsesiones favoritas: ¡cuánto disfrute!, ¡cuánto placer!, ¡cuánto diálogo venturoso en aquel lugar!; con muy poco dinero me llevaba…
