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Por Jorge L. León (Historiador e investigado)
Houston.- Porque no tenemos Patria. No puede llamarse Patria a un espacio donde la vida ha sido degradada hasta sus formas más elementales. No es Patria el lugar que asfixia, que oprime, que limita al hombre hasta convertirlo en sobreviviente.
Ni hay Patria donde el alimento es incertidumbre diaria. Donde un cartón de huevos se convierte en objeto de lujo, donde la carne desapareció del plato común y el pan es cada vez más pequeño, más escaso, más indigno. No hay Patria donde el salario es una burla, incapaz de cubrir lo más básico, condenado a diluirse en mercados imposibles.
No hay Patria donde hacer una cola de horas —o de días— es la única forma de aspirar a un poco de arroz, aceite o azúcar. Donde el tiempo de la vida se pierde esperando, mendigando lo que debería ser un derecho elemental.
No hay Patria donde se vive a oscuras. Donde los apagones no son excepción, sino norma. Donde la noche cae antes de tiempo sobre ciudades enteras, y la oscuridad se convierte en símbolo de un país sin rumbo.
No hay Patria donde el agua no llega, donde bañarse es un privilegio intermitente, donde un jabón o un tubo de pasta dental son bienes escasos. Donde la higiene básica depende del azar o del mercado negro.
No hay Patria donde enfermarse es una condena. Donde los hospitales carecen de lo indispensable, donde faltan medicamentos, donde una jeringuilla, un analgésico o un antibiótico se convierten en objetos de búsqueda desesperada. Donde el dolor no encuentra alivio porque el sistema ha colapsado.
No hay Patria donde los ancianos hurgan en la basura para comer. Donde el retiro es sinónimo de miseria, donde toda una vida de trabajo no garantiza ni dignidad ni sustento.
No hay Patria donde la vivienda se derrumba. Donde edificios enteros amenazan con caer, donde generaciones conviven hacinadas, sin esperanza de un techo digno.
No hay Patria donde no se puede pensar libremente. Donde disentir es un delito, opinar es un riesgo, y la verdad es perseguida. Donde la prensa no informa, sino que repite consignas y donde la televisión no educa, sino que adoctrina.
No hay Patria donde el acceso a la información está restringido, donde internet es caro, lento y vigilado. Donde el conocimiento se filtra, se controla, se mutila.
No hay Patria donde salir del país se convierte en única esperanza. Donde millones han tenido que abandonar su tierra, no por elección, sino por desesperación. Donde la familia se fragmenta, donde el exilio es la única vía de escape.
No hay Patria donde la ley no protege, sino que reprime. Donde el ciudadano no tiene derechos, sino concesiones. Donde la justicia responde al poder y no a la verdad.
No hay Patria donde los responsables del desastre viven en privilegio. Donde aquellos que exigen “resistencia” brindan con vinos de cientos de dólares, ajenos al hambre, al apagón, al dolor cotidiano del pueblo.
No hay Patria donde la dignidad humana ha sido sustituida por la obediencia.
Lo que existe no es Patria. Es un territorio secuestrado, una nación reducida a la sobrevivencia, una sociedad obligada a callar mientras se desmorona.
Los cubanos hoy no viven en una Patria: viven bajo una estructura que les niega precisamente todo aquello que define a una Patria.
Y mientras falte el pan, la libertad, la dignidad y la esperanza…
la palabra Patria seguirá siendo una ausencia.