Por Sergio Barbán Cardero ()
MIami.- El caso de Sandro Castro tiene “gato encerra’o”. Yo lo veo claro, es como un mecanismo de supervivencia del régimen. Pueden sacrificar a Miguel Díaz-Canel si es necesario; al final, no es carismático y tiene un alto nivel de rechazo.
La lógica es cambiar algo para que todo siga igual. Y en ese juego, ¿qué mejor que reciclar un apellido Real y vestirlo de novedad? He visto muchos comentarios positivos sobre sobre su persona, incluso “Sandro para presidente” …Jajajaja…
Esto no es improvisación, es táctica. Una forma de aliviar presión sin mover realmente las fichas. Colocar a un rostro joven, con el apellido Castro, hablando de unión, de cambio y de futuro, no es inocente; es ingeniería social en tiempo real.
Cuando un sistema introduce una figura que parece romper con lo viejo, en realidad está intentando fabricar un consentimiento renovado. Es marketing político puro, el producto es el mismo, pero el empaque se presenta como “fresco”, “cercano”, “ambiguo” … justo lo que una parte mayoritaria de la juventud quiere escuchar, porque los jóvenes con beroco de verdad, están presos por decir menos de lo que ha dicho Sandro.
El objetivo es claro; perpetuar el poder en un contexto de agotamiento social. Al normalizar el apellido a través de una figura más digerible para las nuevas generaciones, el sistema intenta vaciar ese nombre de su carga histórica, convertirlo en algo funcional, incluso aceptable. No como ruptura, sino como continuidad “estable”.
La necesidad del pueblo de creer en alguien
Y ahí entra el factor más delicado, «la necesidad». Cuando un pueblo está agotado, cuando necesita creer en algo, cualquier gesto mínimo se magnifica. Esa desesperación es el terreno ideal para vender la idea del “cambio desde adentro”.
Esto no es una señal de apertura. Es una evolución del control. Ya no hace falta la represión frontal y ruidosa si puedes lograr que la gente acepte una versión más amable, más moderna, de la misma estructura.
Confieso algo: durante mucho tiempo pensé que eran torpes. Pero al mirar esto con una lupa, con más perspectiva, empiezo a pensar que el ingenuo era yo. Bueno… ese perro me mordió una vez.
Porque el autoritarismo no es un bloque estático; es un organismo que se adapta, muta y aprende a sobrevivir al desgaste del tiempo y de las generaciones y el régimen cubano es experto en eso, pasó con los religiosos, con los homosexuales, con la música extranjera, a llegar a tal punto, de hacerle una estatua a John Lennon. Y el abuelo, cínicamente llego a decir el día que se inauguró. «fue un revolucionario, que pena que no lo conocí antes… como si él también tuviera prohibido escuchar musica en inglés. Tápense los oídos coño para gritarle HDLGP.
Y ahí está la verdadera trampa; no en el discurso viejo que ya nadie cree, sino en la ilusión de uno nuevo que mantiene intactos los mismos cimientos, pero logra conectar mejor con los jóvenes.
Quizás por eso acumula casi 200 mil seguidores en redes sociales. Y sí, son cubanos. Porque estas “payasadas” no se exportan fácilmente a los noruegos, ni los suecos… ni siquiera haciéndose los suecos.
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