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Por Carlos Carballido ()
Dallas.- Las redes sociales estallan tras el anuncio de que el Pentágono solicita unos 200 mil millones de dólares extras para continuar la operación Epic Fury contra objetivos militares de Irán.
Los argumentos de las críticas a Trump son tan irracionales como ignorantes de la historia bélica estadounidense de los últimos 50 años.
Desde la era Clinton, Estados Unidos ha participado en innumerables acciones militares sin declaración de guerra. En todos los casos —excepto en Trump 1.0—, cada presidente ha pedido dinero extra al Congreso para sostener las operaciones, incluso heredándolas a administraciones posteriores.
Pero ahora que se trata de Trump, la histeria se dispara a niveles estratosféricos, a pesar de que este conflicto apenas lleva una decena de muertos. No ocurrió lo mismo en administraciones anteriores, donde los políticos no cuestionaron absolutamente nada.
Clinton masacró bárbaramente en Kosovo y África. Durante su mandato (1993-2001) provocó cientos de miles de bajas civiles y más de 7.500 soldados estadounidenses muertos. Solicitó 15 mil millones extras al Congreso y se los aprobaron sin problemas.
Bush tuvo que pedir varias extensiones presupuestarias para sus guerras infinitas, dejando cientos de miles de bajas civiles y más de 12.000 soldados fallecidos. La extensión total alcanzó los 900 mil millones de dólares, sin apenas protestas.
Obama, el ídolo de los antitrumps, también solicitó extensiones presupuestarias y superó los 13.000 soldados muertos en ataques indiscriminados a Siria y Afganistán, en conflictos no declarados que nunca terminó. Pidió 200 mil millones extras y los obtuvo sin oposición significativa.
Biden prácticamente dejó a Estados Unidos sin municiones por la guerra en Ucrania, además de enviar casi 300 mil millones de dólares fuera del presupuesto ordinario, aprobados por el Congreso.
La pregunta es: ¿por qué se cuestiona ahora la necesidad de aprobar un presupuesto extra para compensar precisamente la dilapidación de armas, misiles y municiones enviadas por Biden al presidente ucraniano Volodímir Zelenski?
Respuesta obvia: porque es Trump. Ahí está el problema. Las demás guerras fueron verdaderas carnicerías humanas por intereses geopolíticos cuestionables y, más allá de alguna escaramuza pública, la mayoría miró hacia otro lado.
El TDS (Trump Derangement Syndrome) es una realidad médica que afecta la salud mental de muchos estadounidenses.
El principal problema es la disonancia cognitiva, que impide revisar la historia y los hechos, desatando desenfrenos emocionales.
Y lo peor: no importa si con esto Estados Unidos sale dañado, porque vale más defender un país como Irán —donde ninguno de esos políticos y opinadores podría vivir en libertad o tranquilidad— que proteger los intereses propios.