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Por Mauricio de Miranda ()
Cali.- Considero que debemos clarificar una serie de conceptos para desenmascarar ciertas narrativas. En mi opinión, el régimen cubano no es un Gobierno Revolucionario, es un régimen contrarrevolucionario, profundamente reaccionario, conservador hasta la médula, porque pretende CONSERVAR un status quo que asegura el poder de la clase burocrática sobre el resto de la sociedad mediante mecanismos de extracción de rentas producidas por la mayor parte de la población de dentro y fuera del país, cuya condición de ciudadanos ha sido transformada en servidumbre.
Se trata de una cúpula de militares, burócratas y sus proles y adláteres, que pretenden conservar su poder a lo largo de seis décadas, a costa del empobrecimiento del resto de la sociedad; a costa de quienes hoy son adultos mayores y desde los inicios de la Revolución creyeron en un proyecto que supuestamente significaría mayor bienestar para sus hijos y sus nietos y los nietos y los hijos de los demás y sacrificaron sus vidas creyendo en eso, y a costa también del futuro de miles de jóvenes que han perdido toda esperanza en la única vida que tienen.
Pero no, no se trataba del mayor bienestar para la sociedad, no se trataba de restablecer la democracia perdida por el golpe de Estado, se trataba de satisfacer las ansias de poder de un megalómano y de su círculo íntimo que han convertido a Cuba en una finca, por cierto, pésimamente administrada, porque no me imagino a dueños de finca empobreciéndolas como han hecho estos con Cuba.
Hace dos días fue 13 de marzo, una fecha luctuosa en la historia de Cuba porque ese día en 1957 un grupo de jóvenes, llenos de ideales democráticos atacaron el Palacio Presidencial para ajusticiar a Fulgencio Batista e intentaron tomar Radio Reloj para informar al país.
Ese día y los días posteriores murieron revolucionarios muy valiosos que habrían sido muy importantes para evitar que la Revolución fuera capturada por quienes usaron la Patria como pedestal.
Cuánta falta le hicieron a Cuba los caídos aquel día: José Antonio Echeverría, Menelao Mora, José Luis Gómez Wangüemert y Carlos Gutiérrez Menoyo, entre otros y en días posteriores Fructuoso Rodríguez, Joe Westrbrook, Juan Pedro Carbó Serbiá, y José Machado Rodríguez y muchos otros que cayeron en otros momentos de la lucha revolucionaria como Abel Santamaría, Frank País, etc. Es probable que con ellos y otros vivos, les habría sido muy difícil a quienes en su fuero interno deseaban sustituir una dictadura por otra, la suya.
El asalto a Palacio, por cierto, pasó ayer «sin pena ni gloria» -como si algo así no hubiera ocurrido- para la propaganda oficial, preocupada más por maquillar el tema de las «conversaciones» y las 51 excarcelaciones condicionales, junto a nuevas y vacuas justificaciones que hacen que cada día les creamos menos.
Mientras tanto, antier se produjo una protesta ciudadana en Morón. No voy a comparar hechos, solo destaco la coincidencia. Sí, quemaron la sede del PCC. «Vandalismo» publicó el medio oficialista avileño «Invasor». Sí, a veces la desesperación puede llevar a los seres humanos a actos como ese y más. Pero ¿se le puede pedir tranquilidad a personas que están desesperadas porque sus escasos alimentos se pudren en sus neveras apagadas por la falta de energía? ¿Se le puede pedir tranquilidad a las madres cuyos hijos no tienen un pan para llevarse a la boca? ¿Se le puede pedir tranquilidad a un pueblo que carece de esperanzas mientras la vida es una sola? Pero, sobre todo, ¿escucharon que la mayor parte de las personas gritaban «¡Libertad!»?
Una partida de burócratas encabezados por el primer secretario del Comité Provincial del PCC en Ciego de Ávila protagonizaron un «acto de reafirmación revolucionaria». ¿De verdad? ¿Es que ellos son revolucionarios? ¿El PCC es un partido revolucionario? No. Considero importante llamarle a las cosas por su nombre: son reaccionarios. Su gestión y sus acciones traicionaron y traicionan el ideario revolucionario que sustentó el enfrentamiento a la dictadura de Fulgencio Batista y que fue la verdadera base ideológica de la Revolución.
En lugar de restablecer la democracia, instauraron una dictadura terrible, casi diez veces de mayor duración que la anterior y con un impacto nefasto para la economía y el bienestar de la Nación, porque ha contribuido a la destrucción de valores nacionales, al empobrecimiento de la sociedad y por su responsabilidad en el despedazamiento de familias causado por la emigración de una parte importante del país.
¿De qué «reafirmación revolucionaria» van a hablar quienes han traicionado la Revolución y caminan como borregos a unas negociaciones con el más fuerte mientras reprimen brutalmente al pueblo que se les enfrenta y se niegan con toda la soberbia del mundo a debatir con su propio pueblo?
En los vídeos que circulan en las redes hay un momento que me llama poderosamente la atención. Alguien, probablemente fuera de sí va a quemar la enseña nacional y otra persona le dice: «Quémala! Quémala!» y otro dice: «No, no la quemes que esa es la de nosotros, esa es la de la libertad de nosotros».
Miembros del PCC: ¿Pueden notar el profundo desprecio que inspira la «fuerza dirigente de la sociedad y del Estado» entre muchísimos ciudadanos? ¿No son capaces de darse cuenta que ustedes no son la vanguardia de la sociedad? ¿Están dispuestos a conocer de verdad la opinión del pueblo sobre ese partido? ¿Tendrán el coraje de consultar al pueblo la ratificación -mediante plebiscito- del artículo 5 de la constitución que ustedes elaboraron y que el pueblo que tenía derecho al voto aprobó mayoritariamente -por las razones que sean- hace siete años?
Bajo ningún concepto quisiera que corra la sangre de algún cubano, cualquiera que sea. El régimen es responsable de que esto no ocurra. Tengan el coraje de iniciar un debate nacional con el pueblo de Cuba. Ese es el más importante e imprescindible. Y asuman que seguramente el resultado de ese debate podría ser la democratización de la sociedad. Esa es una de las promesas incumplidas de la Revolución y en la actualidad es condición «sine qua non» para salir de la oscuridad actual. Y no me refiero precisamente a la oscuridad de los apagones, aunque también, me refiero -sobre todo- a la Oscuridad que producen la ausencia de esperanza y la falta de confianza en que un futuro mejor y diferente es posible.