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12 de octubre de 2002. Bali, Indonesia. Dos explosiones devastaron el distrito de Kuta. El atentado dejó 202 personas fallecidas y cientos de heridos con quemaduras extremas. Muchos sobrevivientes fueron evacuados al Hospital Real de Perth, en Australia. Entre ellos, 28 pacientes con quemaduras tan extensas que, con los métodos tradicionales, sus probabilidades eran mínimas.
Allí intervino la doctora Fiona Wood, cirujana especializada en grandes quemados.
Durante años, Wood había trabajado en una alternativa al injerto clásico de piel, un procedimiento doloroso que exige retirar amplias zonas de piel sana para cubrir áreas quemadas. En pacientes con más del 60 o 80 por ciento del cuerpo afectado, simplemente no hay suficiente piel disponible.
La técnica que desarrolló junto a la científica Marie Stoner consistía en algo radicalmente distinto: Tomar una pequeña muestra de piel sana. Aislar y procesar las células en laboratorio. Suspenderlas en solución. Aplicarlas directamente sobre la herida mediante pulverización.
Este sistema, conocido posteriormente como ReCell, permitía cubrir grandes superficies utilizando una biopsia mínima y aceleraba la regeneración epitelial.
Tras el atentado, Wood decidió aplicar la técnica a una escala nunca antes utilizada. Los pacientes estaban en estado crítico. Las quemaduras de tercer grado destruían completamente la piel y dejaban tejido expuesto, con alto riesgo de infección y fallo multiorgánico.
Durante días intensivos de trabajo médico, el equipo procesó muestras, aplicó células y mantuvo a los pacientes bajo cuidados extremos.
Los 28 sobrevivientes con quemaduras graves tratados en Perth superaron la fase crítica.
La innovación no eliminó el sufrimiento ni la complejidad del tratamiento, pero redujo tiempos, mejoró la cobertura de heridas y ofreció una alternativa en casos donde el injerto convencional era insuficiente.
En 2005, Fiona Wood fue nombrada Australiana del Año. Más allá del reconocimiento, su trabajo transformó la atención a grandes quemados. Hoy, la terapia celular por pulverización se utiliza en distintas partes del mundo como complemento o alternativa al injerto tradicional.
La noche de Bali fue una tragedia. Pero también fue el momento en que años de investigación silenciosa se convirtieron en una herramienta que cambió el tratamiento de las quemaduras para siempre.