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«Primero que liberen a los presos», el grito de las familias que no puede esperar a las negociaciones

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Por Albert Fonse ()

Vancouver.- En estos días varios familiares de presos políticos me han escrito con la misma angustia. Me dicen algo que sale del corazón: Albert, que liberen primero a los presos políticos y después que sigan las negociaciones.

Esa reacción es completamente humana. Cuando un hijo, un hermano o un esposo está encerrado en una prisión política, la política deja de ser un debate teórico. Se convierte en una urgencia. Cada día cuenta. Cada día duele.

Las familias no están pensando en estrategias geopolíticas ni en negociaciones entre gobiernos. Están pensando en una llamada que no llega, en una visita que se suspende, en la salud de alguien que está preso por pensar diferente.

Por eso muchos dicen algo muy sencillo: primero sáquenlos de las cárceles.

Ese sentimiento también refleja una verdad profunda. Ninguna negociación seria sobre el futuro de Cuba puede ignorar a los presos políticos. Ellos son la prueba más clara de que en la isla no existe libertad.

Un régimen que mantiene a cientos de personas encarceladas por sus ideas no puede hablar de reformas ni de cambios sin enfrentar primero esa realidad.

La libertad de los presos políticos no es un detalle dentro del problema cubano. Es el centro moral del problema.

Cada nombre tiene una historia. Cada preso tiene una familia esperando. Cada uno representa a miles de cubanos que no pueden hablar libremente.

Por eso el tema de los presos políticos no puede desaparecer del debate público. Ni en Cuba ni fuera de Cuba.

Antes de cualquier acuerdo, antes de cualquier negociación, hay algo que el mundo tiene que exigir con claridad: que las cárceles cubanas dejen de estar llenas de hombres y mujeres cuyo único “delito” fue querer una Cuba libre.

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