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Por Max Astudillo ()
La Habana.- Si hay un monumento a la desfachatez informativa en Cuba, además de Granma, ese es Prensa Latina. La agencia fue fundada en 1959 para «contrarrestar la manipulación imperialista». Además, se ha convertido en el más burdo ejemplo de cómo la dictadura castrista fabrica realidades paralelas con la misma destreza con que sus economistas fabrican cifras de crecimiento.
Basta asomarse a su página web para encontrar un desfile interminable de titulares grandilocuentes. Estos prometen respaldos multitudinarios, solidaridades continentales y apoyos internacionales que, al primer clic, se desinflan como un globo de cumpleaños pinchado.
Ahí tienen la última perla: «Guatemala expresa respaldo a Cuba ante presiones de EEUU». El lector incauto imagina al gobierno guatemalteco, a sus instituciones, a su pueblo, manifestándose en las calles para abrazar la causa de la isla. Pero abre la nota y descubre que el «respaldo» es de un grupúsculo autodenominado «Comité de Solidaridad». Este está formado por tres médicos guatemaltecos que estudiaron en Cuba y a los que, probablemente, la nostalgia o el agradecimiento les nubla el juicio. Tres personas, quizá cuatro, convertidas por obra y gracia del periodismo castrista en «Guatemala».
Y no es un caso aislado. Es la norma. «Expresan en Paraguay solidaridad con Cuba». ¿El pueblo paraguayo en pleno? No. Un diputado de un partido de izquierda, seguramente de esos que viven de la foto y la consigna, ha dicho algo vagamente favorable a La Habana. Eso, en el lenguaje de Prensa Latina, se convierte en una declaración de principios de toda una nación. La realidad, esa tozuda realidad que se empeña en contradecir la propaganda, es que Paraguay, como país, tiene sus propias prioridades y ninguna de ellas es salir en defensa de una dictadura que viola derechos humanos.
La mecánica es siempre la misma. Se busca en cualquier rincón del mundo a un grupo de izquierda residual, a un político marginal necesitado de protagonismo o a un intelectual de salón que cobra por sus columnas de apoyo. Entonces, se les infla hasta convertirlos en «voces autorizadas» de sus respectivas naciones. Un sindicato minoritario en Brasil, una asociación de amas de casa en México, un colectivo de artistas en Argentina, todos son carne de cañón para esta fábrica de humo. El objetivo es crear una realidad virtual donde Cuba no está sola. Asimismo, buscan mostrar que el mundo la acompaña y que la comunidad internacional respalda su «heroica resistencia».
Esta operación de maquillaje informativo se ha intensificado desde que Donald Trump apretó la soga al cuello del castrismo. El régimen, acorralado por la crisis energética, por el colapso económico y por la huida de sus ciudadanos, ya no sabe qué hacer para intentar sobrevivir y no correr la misma suerte que su aliado venezolano. La propaganda, siempre su última trinchera, se ha vuelto más frenética, más desesperada, más burda. Como esos boxeadores que, cuando ya no tienen fuerzas, empiezan a bailar para engañar al rival.
Pero el problema de vivir de noticias fantasma es que los fantasmas no llenan estómagos, no generan electricidad, no hacen funcionar hospitales. Mientras Prensa Latina se afana en retratar un mundo de solidaridades imaginarias, los cubanos de a pie siguen sin pan, sin luz, sin medicinas y sin esperanza. Los únicos «respaldo» que les llegan son los de sus familiares en el extranjero, que envían remesas para que puedan sobrevivir un día más. Esa es la verdadera solidaridad. Por otro lado, la de los titulares grandilocuentes, es puro papel mojado. O, mejor dicho, puro píxel mojado en la web de una agencia que ya nadie fuera de la isla se toma en serio.