Por Anette Espinosa ()
La Habana.- Pánfilo se murió. Y con él se va una de las pocas verdades que en este país nunca nadie ha podido desmentir. Fue hace más de dos décadas, en un día cualquiera de la televisión, cuando un hombre negro, de esos que el régimen prefiere mantener invisibles, se plantó frente a una cámara que no lo estaba buscando e interrumpió una entrevista.
El entrevistador hablaba de cualquier cosa, revoluciones, de resistencias, de bloqueos, de todas esas palabras que los funcionarios repiten como un mantra para no enfrentar la realidad. Y Pánfilo, con la voz del que ha visto demasiado, soltó la frase que resumía en tres palabras lo que setenta años de discursos no habían logrado explicar: «lo que hace falta en Cuba es jama». Comida. Eso es todo.
Pánfilo era marinero. Había surcado mares que el cubano común solo puede soñar, había visto otras costas, otras mesas, otras vidas. Por eso lo tenía claro. Cuando dijo «jama», no estaba improvisando. Estaba diagnosticando. En un país donde los discursos oficiales hablan de heroísmo y sacrificio, donde te dicen que resistir es un acto de amor a la patria, él recordó lo elemental: el hombre come. La familia come. Los niños comen. Sin comida, no hay resistencia que valga. Sin comida, todo lo demás es pura palabrería.
El Pánfilo viral
Los funcionarios, claro, se escandalizaron. Pánfilo era un borracho, dijeron. Un pobre hombre, dijeron. Alguien que no entendía de política, dijeron. Y era verdad que Pánfilo bebía. Pero lo que Pánfilo tenía claro, y ellos no, es que la borrachera no le nublaba la realidad. Al contrario, le permitía verla con una nitidez que los discursos oficiales no soportan.
Era un borracho humilde, sí. Pero de buen corazón, de esos que en medio de la desgracia comparten el poco pan que tienen. Y sobre todo, tenía una claridad de pensamiento tremenda. Porque Pánfilo no dijo nada complicado. Dijo lo obvio. Y lo obvio, en este país, es lo más revolucionario que se puede decir.
Con los años, Pánfilo se convirtió en meme. En internet, su frase se multiplicó, se compartió, se hizo viral antes de que existiera el concepto de viral. En las redes, en los chats, en los bares, en las colas del pan, la gente se la repetía como un secreto a voces: «lo que hace falta en Cuba es jama».
Y aunque el régimen intentó enterrarlo, borrarlo, hacer como si aquel hombre no hubiera existido, su frase se quedó. Porque la verdad, por más que la oculten, siempre encuentra la manera de abrirse paso. Y Pánfilo había dicho la verdad más sencilla y más grande de todas.
El resumen de la tragedia de un país
Ahora que se ha muerto, hay que recordarlo como se recuerda a los héroes. No a los héroes de cartón que el gobierno exhibe en las plazas, sino a los héroes de verdad: los que dicen lo que nadie se atreve, los que señalan lo evidente, los que con una sola frase te devuelven la claridad. Pánfilo no escaló montañas, no ganó medallas, no pronunció discursos en actos multitudinarios. Pero logró algo más difícil: con una palabra, «jama», resumió la tragedia de un país entero. Y por eso su memoria, como su frase, sigue viva.
Descansa en paz, Pánfilo. Ahora que te has ido, la jama sigue faltando. Pero tu frase, la que nadie pudo callar, sigue ahí, más viva que nunca. Porque en Cuba, hablar de comida es hablar de política. Y tú, con tu borrachera y tu claridad, lo dejaste claro para siempre. Lo que hace falta en Cuba es jama. Y mientras eso no cambie, tu palabra seguirá siendo la única verdad que nadie puede discutir.



