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Pablo Iglesias, el socialismo y la mentira china: cuando la ideología nubla la realidad

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Por Max Astudillo ()

La Habana.- Pablo Iglesias, ese político español que se hizo famoso por vivir en una mansión de lujo mientras predicaba contra el capitalismo, ha vuelto a las andadas. Ahora nos dice que el socialismo es viable porque China ha superado a Estados Unidos. El argumento es tan pobre como predecible: si China crece, entonces el socialismo funciona.

Y con esa lógica tan sólida como un castillo de naipes, pretende defender también a Cuba, ese paraíso socialista donde la gente hace cola para comprar pan mientras sus dirigentes disfrutan de yates y vacaciones en París. Habría que preguntarle a Iglesias si considera que el modelo de los Castro, con sus 67 años de fracaso estrepitoso, también es «socialismo viable».

Lo que el exdirigente de Podemos omite, quizá por ignorancia o quizá por conveniencia, es que China no es un ejemplo de socialismo, sino de capitalismo de Estado con un barniz ideológico. El gigante asiático ha crecido porque abrió su economía al mundo, porque permitió la propiedad privada, porque se integró en las cadenas globales de suministro, porque sus ciudadanos pueden tener empresas y hacer dinero.

Es decir, creció a pesar del Partido Comunista, no gracias a él. Y aún así, mantiene un control férreo sobre la libertad de expresión, la disidencia, los derechos humanos. ¿Eso es el socialismo que Iglesias defiende? ¿Un modelo donde el Estado te dice qué puedes pensar y qué no, pero te deja hacer negocios mientras no te metas con el poder?

Que explique el caso de Cuba

Porque si de eso se trata, entonces Iglesias debería explicarnos por qué Cuba, el socialismo «puro» que tanto defiende, no ha logrado ningún avance. Mientras China se integraba al mundo, Cuba se aislaba. Mientras China abría sus mercados, Cuba nacionalizaba hasta las sábanas.

En China permitían la inversión extranjera, en Cuba ahuyentaba a los inversores con su burocracia infernal. El resultado está a la vista: China es una potencia, Cuba es una ruina. Pero Iglesias, en su infinita capacidad para no ver lo evidente, insiste en que el problema de Cuba es el bloqueo, no sesenta años de mala gestión, corrupción y centralismo.

Iglesias habla de «interferencias externas» y «sanciones» como si Cuba fuera una víctima indefensa del imperialismo y no un país que ha tenido todas las oportunidades del mundo para salir adelante. Porque Cuba tuvo petróleo venezolano gratis durante años, tuvo el apoyo de la Unión Soviética, tuvo misiones médicas que le reportaban miles de millones de dólares. Y aún así, su economía es un desastre. No porque el bloqueo se lo impida, sino porque su modelo es incapaz de generar riqueza.

Pero Iglesias, que nunca ha tenido que hacer una cola para comprar leche, que nunca ha pasado un invierno sin calefacción, que nunca ha visto a un hijo enfermarse por falta de medicinas, se permite pontificar desde su cómodo sofá madrileño sobre las bondades de un sistema que ha condenado a millones a la miseria.

Mejor no escuchar las lecciones de Iglesias

Lo más triste del caso es que Iglesias no está solo. Detrás de él hay toda una legión de intelectuales europeos que confunden la crítica al capitalismo con la defensa acrítica del socialismo. Que ven a China y se quedan con el crecimiento económico, pero ignoran las cárceles de Xinjiang, la represión en Hong Kong, los campos de concentración de uigures.

Son los mismos que ven a Cuba y hablan de «resistencia heroica», pero callan ante los presos políticos, los apagones, el hambre. Es la vieja estupidez de la izquierda europea: defender lo indefendible con tal de no admitir que su ideología ha fracasado una y otra vez.

El socialismo, querido Pablo, no es viable. Lo fue en la Unión Soviética, que colapsó estrepitosamente. Lo es en Cuba, que agoniza. También lo es en Venezuela, que se desangra. Lo será en Nicaragua, que se hunde. China es la excepción, y lo es porque abandonó el socialismo para abrazar el capitalismo, aunque sus líderes sigan llamándolo de otra manera.

Pero usted, que siempre fue más de discursos que de realidad, seguirá defendiendo lo indefendible. Porque reconocer que se equivocó sería demasiado doloroso. Mejor seguir con la mentira. Mejor seguir culpando al bloqueo, al imperialismo, a los de siempre. Y mientras tanto, los cubanos seguirán esperando. Esperando a que gente como usted deje de dar lecciones y empiece a ver la realidad. Pero eso, me temo, será el día que el socialismo funcione. Es decir, nunca.

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