Newsletter Subscribe
Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Por Manuel Viera
La Habana.- Por motivos de seguridad, no podría decir donde estoy. Pero quiero narrarle la verdad a esos que aún cierran los ojos y ponen la culpa de la miseria a 90 millas.
Salí a caminar, aunque se supone que no tendría que estarlo haciendo. Es increíble cómo podemos reconocer a los cubanos en la calle, solo de verlos ya uno sabe que son cubanos. Yo estoy muy orgulloso de ser cubano, cada día más. Incluso, pensé que extrañaría el apretón de manos y el que me reconocieran en la calle y no ha sido así porque acá hay cubanos que desde el mismo aeropuerto me han tendido la mano.
Este es un país pequeño de gente buena, con una cultura diferente, y aunque lucen ásperos al principio, una vez que te comunicas resultan ser muy buenas personas. Es un lugar que ebulle.
Aquí descubrí que hablo mucho más que español. Aquí parece que todo está en construcción. He visto en apenas unas horas más maquinaria pesada para construir que en toda mi vida. Las calles están llenas de autos. Delante de cada casa hay autos y duermen en la calle. Pero las calles no están llenas de personas.
Es un hervidero de gente trabajando, gente construyendo, gente en los negocios. Cada casa tiene un cartel que anuncia algo. Hay de todo tipo de negocio. En casi 24 horas apenas vi un policía. La policía está en los cuarteles, no en las calles molestando a las personas.
En las calles se ve a muchos niños con uniformes escolares. Muchos tipos de uniformes porque también hay muchos, muchísimos tipos de escuelas. Lo más increíble de todo es que a pesar de estar en el tercer mundo, de haber caminado muchísimo el día de hoy, aún no encontré a nadie pidiendo dinero o tirado en la calle. Tampoco hay perros ni gatos en las calles. Hay más personas pidiendo ayuda en cualquier semáforo en Cuba que los que he visto aquí hasta ahora.
Este no es mi destino, y gracias a la ayuda de muchos de ustedes voy a poder seguir camino muy pronto y también les voy a dar una agradable sorpresa
Algo sí quiero decirle a todos esos que hablan de ideales y dan la espalda a la verdad: nos han mentido toda la vida.