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Por Luis Alberto Ramirez ()
Miami.- La Casa Blanca amenaza con prohibir la visa a todo cubano que se manifieste frente a su embajada en La Habana en actos de repudio. De concretarse, esta sería una medida que reduciría considerablemente la asistencia de personas afines al régimen, o movilizadas por éste, para acosar y hostigar en nombre del poder.
Pero la pregunta es inevitable: ¿es suficiente? Si se quiere enviar un mensaje claro, la medida debería extenderse más allá de las visas. No basta con impedirles viajar; también habría que revisar el flujo de beneficios que muchos de esos mismos individuos reciben desde Estados Unidos.
Porque la realidad es la siguiente: muchos cubanos que participan en estos actos de repudio o respaldan la represión, reciben remesas de familiares en territorio estadounidense. Algunos incluso han sido parte del aparato represivo y, sin embargo, luego viajan a EE.UU., solicitan refugio político y se presentan como perseguidos cuando en realidad han sido perseguidores. Esa contradicción en Cuba tiene un nombre popular: “doble moral”.
Si alguien decide participar activamente en la represión, debería asumir también las consecuencias. Bloquear el envío de remesas a quienes se presten para hostigar, intimidar o reprimir sería un golpe mucho más efectivo que una simple restricción de visa. Sin financiamiento externo, muchos pensarían dos veces antes de formar parte del teatro político que organiza el régimen.
Algunos preguntarán: ¿cómo se podría identificar a esas personas? Hoy existen herramientas tecnológicas, como los sistemas biométricos y bases de datos interconectadas, que permiten identificar individuos con precisión. Si se puede determinar quién participa en determinados actos, también se puede establecer responsabilidades migratorias y financieras.
La cuestión de fondo es moral y política: no se puede ser beneficiario del sistema democrático estadounidense mientras se apoya activamente la represión en Cuba. No se puede vivir de las remesas enviadas desde una sociedad libre mientras se ayuda a sostener una estructura que niega libertades básicas.
Las decisiones firmes generan consecuencias. Y quizás, cuando apoyar la represión tenga un costo real, muchos opten por no prestarse más al juego del poder y tengan que escoger y todo el mundo sabe en Cuba de que parte está la balanza, como dice el refranero popular “El amor y el interés salieron de paseo un día, y más pudo el interés, que el amor que le tenía”