Newsletter Subscribe
Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Por Albert Fonse
Vancouver.- No se alarmen con el artículo de USA Today titulado Cubastroika, donde se presenta la idea de que el plan de la administración Trump hacia Cuba sería simplemente una apertura económica. Ese texto, cuando uno mira con atención quiénes aparecen como fuentes, revela otra cosa muy distinta. No es un análisis neutral ni una filtración seria del gobierno estadounidense. Es, en realidad, un trabajo impulsado por los mismos sectores que durante años han intentado salvar al régimen cubano mediante la estrategia del “deshielo”.
Detrás de esa narrativa está el Cuba Study Group, el mismo grupo de cubanoamericanos millonarios e influyentes que fue la vanguardia política del acercamiento durante la era de Obama. Es un grupo que muchos en el exilio conocen bien porque lleva años defendiendo fórmulas que terminan dándole oxígeno a la dictadura. Además, estos grupos se presentan como promotores de cambios.
Yo llevo años denunciándolos y escribiendo sobre ellos. Pensé que ya no valía la pena mencionarlos porque políticamente habían perdido la batalla. Sin embargo, parece que el régimen les ha vuelto a activar. Cuando uno lee el artículo ve exactamente el mismo patrón de siempre: crear un estado de opinión para intentar cambiar el rumbo de lo que está ocurriendo.
En el texto aparecen citados nombres que no están ahí por casualidad. Mencionan a Aldo, el dueño de Macedonia, refiriéndose a Aldo Álvarez, miembro de ese círculo y uno de esos personajes que el régimen intenta vender como ejemplo de “emprendedor exitoso”. Él vive de los espacios que la propia dictadura controla. También aparece Ric Herrero, probablemente el vocero más conocido de ese grupo y uno de los principales promotores de la narrativa de acercamiento con el régimen durante años.
El guion es viejo: presentar una supuesta apertura económica como solución, suavizar la percepción internacional del régimen y sembrar la idea de que el cambio vendrá mediante acuerdos con la dictadura. Pero la realidad que vive el pueblo cubano no se puede esconder con artículos ni con análisis diseñados desde grupos de presión. Cuba sigue siendo una dictadura que encarcela opositores, reprime a su pueblo y bloquea cualquier posibilidad real de libertad política.
Por eso no hay razón para alarmarse. Este tipo de textos aparecen cada vez que el régimen siente que el escenario internacional se le vuelve adverso. Intentan influir en la conversación pública, mover la narrativa y ganar tiempo. La historia reciente está llena de esos intentos.
No se dejen manipular, sigamos confiando en la administración Trump y principalmente en Marco Rubio.