Enter your email address below and subscribe to our newsletter

No confundan solidaridad con respaldo: La maniobra de Bruno Rodríguez al descubierto

Comparte esta noticia

Por Jorge L. León (Historiador e investigador)

Houston.- El reciente “agradecimiento” del canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla a los cubanos residentes en el exterior no es un gesto inocente ni una cortesía diplomática. Es una operación política calculada. Una jugada diseñada para aparentar un respaldo que no existe y para sembrar la idea de que la emigración comienza a cerrar filas con el poder. Nada más lejos de la verdad.

Cuando el funcionario habla de apoyo “verbal, declarativo y material”, intenta construir una narrativa de unidad nacional en torno al régimen. Pero la ayuda que fluye desde el exilio no es para sostener estructuras políticas; es para sostener vidas. Es dinero para que una madre compre alimentos en medio de la escasez. Es medicina para un anciano que no la encuentra en las farmacias. Y es un envío eléctrico improvisado para mitigar apagones interminables. Esa solidaridad no es ideológica: Es familiar, es humana, es desesperada.

Confundir deliberadamente esa ayuda con respaldo político es una manipulación consciente. El exilio cubano no abandonó la isla por comodidad; Lo hizo huyendo de la asfixia económica, la falta de libertades y la ausencia de futuro. Pretender ahora que ese mismo exilio respalda al sistema que lo expulsó es una ficción propagandística. No se puede transformar la compasión en lealtad política por decreto comunicacional.

Solidaridad no es adhesión

Las reacciones públicas de la diáspora dicen mucho más que cualquier publicación oficial. El recibimiento hostil que enfrentó el canciller en Madrid reveló lo que verdaderamente siente una parte significativa del exilio: indignación, hartazgo y rechazo. Eso no es una puesta en escena; es el resultado de décadas de promesas incumplidas y deterioro constante.

El gobierno de Miguel Díaz-Canel, sostenido por el Partido Comunista de Cuba, atraviesa una crisis profunda: apagones crónicos, inflación, colapso productivo, migración masiva. En ese contexto, la narrativa del “apoyo de la emigración” funciona como un intento de proyectar fortaleza en medio del desgaste. Es propaganda de supervivencia.

La realidad es simple: quien envía dinero no está votando por el régimen. Quien manda medicinas no está legitimando la política sanitaria que fracasó. Quien ayuda a sacar a un familiar del país no está apoyando al sistema; está escapando de él. La solidaridad no equivale a adhesión. El auxilio no es respaldo. La compasión no es militancia.

El agradecimiento oficial no busca honrar al emigrado; busca utilizarlo. Quiere convertir la ayuda privada en capital político. Quiere transformar la necesidad en narrativa. Pero la fractura entre el poder y una gran parte de la diáspora es demasiado profunda para cubrirla con palabras.

No se puede confundir la ayuda al pueblo con el apoyo al régimen. Esa es la línea que intentan borrar. Y esa es, precisamente, la línea que no debe borrarse. ¡¡¡NO SEAS TAN INFAME SR. PARRILLA!!!

Deja un comentario