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Por Carlos Carballido ()
Dallas.- El anuncio del presidente Donald Trump de relevar a la actual secretaria del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), Kristi Noem, ha sido abordado por la prensa como una defenestración. Esto se debe a un supuesto mal trabajo en materia de inmigración.
Bueno, no tan rápido. Noem en realidad ha sido promovida a un frente recién creado que se encargará de la vigilancia en las Américas. Será para dar una batalla frontal contra el narcotráfico, el tráfico humano y de órganos, entre otras cuestiones de seguridad nacional.
En ese relato también se han subido los neocons, pseudoconservadores y esa legión de emocionales opinadores de redes sociales.
El llamado Escudo de las Américas no es un as sacado de debajo de la manga que Trump esgrimió para sacar a Noem del escrutinio público. Así lo quieren hacer creer.
Esta iniciativa data del año pasado, tras las operaciones del Comando Sur en áreas marítimas del Caribe y Venezuela.
Trump vio la necesidad de convertirlo en una coalición de países en una misma dirección. Por ese motivo, a finales de diciembre, comenzó las consultas a través del secretario de Estado Marco Rubio.
Kristi Noem estaba siendo blanco de insultos y ataques por su mano dura en inmigración. Además, soportó falsos escándalos de infidelidad propios de los demócratas, que paradójicamente tanto defienden el feminismo.
Así que, como es característico en Trump, que paga lealtad con lealtad, no la tiró debajo del autobús como quieren hacernos creer. Por el contrario, la pone al frente de la coordinación del trabajo en tan importante plaza regional. Además, su nivel de información confidencial como secretaria y sus métodos de seguridad fronteriza apuntan a que su desempeño será más que suficiente.
De hecho, aún no ha sido removida porque su contrato termina el último día de este mes.
Si los demócratas izquierdistas y sus seguidores y detractores de Kristi Noem creyeron que esto ha sido una victoria, se equivocan. Esto sucede porque Trump selecciona para el cargo al senador Mullin de Oklahoma que, si bien tiene que ser confirmado por el Senado, va a ser muy difícil poder aplastarlo o invalidarlo por un sencillo detalle.
Mullin no solo es un empresario y un peleador profesional. Es además miembro de la Nación Cherokee y sería el segundo político de los pueblos nativos originarios en la historia de EE.UU. Además, sería el segundo en ocupar un cargo federal de este nivel.
Anteriormente lo ocupó Charles Curtis, vicepresidente de EE.UU. de 1929 a 1933 bajo Herbert Hoover, con herencia kaw, osage y potawatomi.
A pesar de su físico blanco, el candidato a sustituir a Noem pertenece a una minoría estadounidense. Por lo tanto, la retórica liberal del privilegio blanco, la xenofobia y la inmigración en tierra robada sencillamente no podrá ser utilizada en la sesión de confirmación.
Mullin es idóneo para el cargo. No se deja intimidar. Resuelve los problemas como cowboy que es y, además, es leal a Trump y al conservadurismo. Son combinaciones perfectas para superar la mala fama que le quisieron endilgar a K. Noem.
La prensa, las redes y el rebaño emocional se han disparado en mentiras y falsedades sobre este tema. Lea estas líneas y se dará cuenta de su nivel de estupidez si se dejó llevar por el relato.