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Por Ulises Aquino Guerra ()
Cada día nos despertamos con la ilusión de alguna noticia, una aunque sea, que despierte la esperanza de que algo mejor pasará con nuestras vidas.
Cualquier reunión o asamblea en la que de una vez adopten con sinceridad la realidad y que asuman todas las contradicciones que provocaron este estado de cosas para borrarlas de un solo tirón. Para que con ello emprendamos el camino seguro a la reconstrucción de un país destrozado, donde las posibilidades de emerger hacia una vida digna y satisfactoria cada día se esfuman entre reuniones para dictar decretos, resoluciones o nuevos proyectos que de antemano se conoce que no resolverán absolutamente nada de la crítica situación en que vivimos.
Ahora que no existe economía, las decisiones de nuevas empresas, de nuevas relaciones económicas pasarán a los municipios.
Es decir, que ya los que decidieron invertir en hoteles y en inmensos gastos ignorando las necesidades vitales del pueblo no serán los responsables de nuestras miserias, sino los delegados, intendentes y cuantos funcionarios que no fueron elegidos por el pueblo sino por comisiones de candidaturas que ignoran la capacidad y magnifican la adhesión, serán los responsables de nuestros destinos.
Eso sí, con la aprobación de los que se liberan de la responsabilidad de este desastre y pasan la bola.
Es una noticia extraordinaria: ahora se dieron cuenta de que ha sido el centralismo de sus decisiones el responsable de toda esta situación.
Ahora que no queda nada, el municipio será el responsable de darle de comer a la gente y lograr una matriz energética que nos alumbre.
Me estoy imaginando los jardines de todas las mansiones de Playa repletas de tomates, de coles, de boniatos, y las piscinas de los hoteles con alevines de pargos, chernas y tilapias. Las langostas y los camarones, al ser especies protegidas, pasarán a ser criadas en otras piscinas particulares.
No me imagino qué podremos sembrar en Luyanó, que no tiene jardines ni piscinas, aunque sí muchos solares de techo de metal. Bueno, ya se las ingeniarán para colocar paneles solares y vender la electricidad para comprarle a otros municipios la comida.
Con relación al transporte, de momento seguiremos moviéndonos en triciclos eléctricos caros, hasta que decidan los municipios con sus calles intransitables que todas las gestiones y movimientos los haremos por las aceras transitables escogidas de antemano, a pie.
¿En serio? Como no hay ingresos sobre los que decidir, ahora le toca la responsabilidad a los que nunca han decidido nada.
Los municipios gestionarán la inversión extranjera, ahora que nadie quiere invertir en este desastre, cuando se tomaron años y años para aprobar a empresas que lo solicitaban.
Me imagino la fusión entre la empresa estatal y la privada. Las reuniones del Partido y el sindicato en consejos de dirección para indicarle al inversor extranjero qué hacer con la política de producción de la empresa, y con el dinero del hombre utilizar sus medios para el domingo rojo o el trabajo voluntario.
El mundo lanzando misiles, drones a diestra y siniestra, pero nosotros estoicamente todavía no hemos resuelto el asunto del huevo frito.
Señores que gobiernan, no es difícil de entender: llegamos hasta aquí por la miopía con que han mirado la libertad de la gente.
La libertad es el único motor que existe para el desarrollo.
Mientras se aferren a querer controlar la vida y las capacidades de la gente, e impidan las libertades naturales de los ciudadanos de pensar, invertir, producir, comerciar, vender, negociar y VIVIR, no esperen mejorías.