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Por Jorge Sotero
Bayamo.- Cuando un país tiene que convertir la albahaca, la caña santa y el orégano en estrategia nacional de salud, no estamos ante un avance científico: estamos frente al colapso. Esta vez, el nonagenario José Ramón Machado Ventura apareció en Granma para “revisar” el Programa de Plantas Medicinales, acompañado por autoridades del Partido y del Gobierno. La escena es la de siempre: dirigentes evaluando “avances”, hablando de prioridades y proyectando optimismo en un territorio donde lo que realmente escasea no son hierbas, sino medicamentos básicos.
La primera secretaria del Partido en la provincia, Yudelkis Ortiz Barceló, calificó el programa como “vital” y lo presentó como respuesta al “genocida bloqueo”. Ese libreto ya lo conocemos. Cada vez que falta algo —antibióticos, analgésicos, reactivos, ambulancias— la culpa viaja automáticamente hacia Washington. Sin embargo, lo que no se dice es que el sistema de salud cubano lleva años deteriorándose por mala gestión, falta de inversión real y prioridades políticas equivocadas. El embargo no arranca equipos de los hospitales ni convierte las farmacias en vitrinas vacías.
El Programa de Plantas Medicinales se vende como alternativa terapéutica ante el déficit de fármacos convencionales. Y nadie discute el valor histórico y científico de la fitoterapia. El problema surge cuando la medicina natural deja de ser complemento y se convierte en sustituto forzado. Cuando un hipertenso no encuentra su tratamiento y le ofrecen una infusión; cuando un paciente oncológico enfrenta carencias mientras se habla de “resistencia creativa”, la narrativa heroica pierde toda credibilidad. No es innovación: es precariedad maquillada.
Machado Ventura intercambió con especialistas y productores sobre producción, procesamiento y distribución de fitofármacos. Mucha reunión, mucha orientación, mucha consigna. Lo que no aparece en las fotos es el familiar que recorre tres farmacias buscando un simple antibiótico, ni el anciano que depende de un medicamento importado que nunca llega. Mientras los dirigentes supervisan parcelas de plantas medicinales, la red hospitalaria sigue acumulando carencias estructurales que ningún discurso logra tapar.
Las autoridades provinciales hablan de resistencia y creatividad del pueblo cubano. Y sí, el cubano es creativo; lo ha sido porque no le queda otra. Pero convertir la necesidad en virtud permanente es una estrategia cruel. Un país que alguna vez presumió de potencia médica hoy celebra como logro político el cultivo de remedios caseros.
No es el bloqueo lo que explica este retroceso, sino una dictadura incapaz de reformarse, que prefiere administrar la escasez antes que asumir su responsabilidad en el desastre.