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Por Albert Fonse ()
Vancouver.- El primer escenario es que las verdaderas negociaciones no estén pasando por la estructura visible del régimen, sino directamente con el núcleo de poder real; la familia Castro.
En ese caso, la burocracia, incluyendo a Miguel Díaz-Canel y figuras como Carlos Fernández de Cossío, no estarían dirigiendo nada, sino esperando decisiones que ya vienen tomadas desde arriba. Por eso no se le puede dar mucho peso a lo que digan públicamente, porque no forman parte real de esas negociaciones y su papel es acatar y repetir las decisiones que se tomen desde el núcleo de poder.
Eso explicaría por qué, inicialmente, se negaron los contactos y luego terminaron reconociendo “conversaciones” sin control real sobre ellas.
Bajo este escenario, lo que se estaría negociando no es una transición democrática, sino una reorganización del poder, donde los que mandan buscan garantías, protección y continuidad bajo otro formato.
El segundo escenario es más directo; que toda la estructura del régimen, incluyendo su cara visible, sí esté alineada y consciente de lo que ocurre, pero haya decidido cerrarse completamente.
Las declaraciones recientes apuntan a eso, preparación ante un conflicto, rechazo total a cambios políticos y negativa a incluir la liberación de presos políticos como punto negociable.
En ese contexto, la negociación deja de ser una vía y la solución vendrá de una operación militar estadounidense.
El tercer escenario es que el pueblo cubano tome las calles a nivel nacional y logre tumbar el poder. Tiene que replicarse lo que sucedió en Morón en toda Cuba, esa es la fórmula ganadora.
El desenlace no está escrito, pero el margen para seguir en lo mismo cada vez es más estrecho.