
Los Orishas, la electricidad y Cuba
Por Ulises Aquino Guerra ()
La Habana.- A veces me pregunto a dónde han ido a parar nuestros rezos y las obras que se le hacen a nuestras deidades.
También me pregunto en qué lugar estarán aterrizando las plegarias que los fieles elevan en las iglesias.
Por momentos llego a pensar que emigraron todos los santos y que, de tanto haber negado a Dios, ya no nos reconoce.
A veces creo que esta balsa a la deriva y sin brújula se quedó en medio de un océano desconocido, en el que las especies solo están bajo el agua y los sobrevivientes no tienen a quiénes encomendarse.
Recuerdo constantemente a mi amigo Jorge Álvarez (El Chino, cuando me contó la travesía en balsa entre La Habana y Cayo Hueso.
He sentido prácticamente lo mismo. Los quejidos de la gente en la oscuridad y los gritos desesperados de muchos que no saben qué hacer con sus vidas, cuya única aspiración es amanecer para, con la luz del día, volver al diario sufrimiento de encontrar otra tabla donde asirse. Para que las olas de esta tempestad calma no los arrastre o los hunda más, porque apenas queda más espacio en la profundidad.
Tienen que ser totales las plegarias y las obras a los santos, al mismísimo Dios. A ver si ante un grito desesperado escucha al coro gigante, si es que aún, y a fuerza de haber callado tanto, todavía reconoce las voces de los sufridos.
Pienso que, por difícil que parezca, nos van a escuchar primero a nosotros que los que tenemos más cerca y no quieren oír.
En fin, espero que esta noche, por oscura que sea, encienda una lucecita, no al final del túnel, sino a la entrada de cualquier paraíso inventado.



