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Arroz, chícharos y caballos: la absurda logística alimentaria del régimen cubano en Las Tunas

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Por Oscar Durán

Las Tunas.- En Las Tunas la distribución de la canasta básica vuelve a demostrar, una vez más, el nivel de absurdo administrativo al que ha llevado el país la dictadura cubana. Según datos oficiales, poco más del 93 % de las bodegas habían recibido hasta este viernes las tres libras de arroz correspondientes al mes de marzo.

El detalle no sería tan indignante si no fuera porque ese alimento, esencial para cualquier familia cubana, lleva cerca de un mes en proceso de distribución, como si trasladar unos sacos de arroz fuera una hazaña logística digna de una potencia mundial.

El arroz llegó desde el puerto de Nuevitas y, tras su traslado, comenzó el habitual recorrido burocrático que caracteriza a la economía centralizada de la isla: primero a los almacenes de cada territorio y luego a las bodegas. Todo esto se presenta como un “esfuerzo titánico”, cuando en cualquier país normal sería un simple proceso comercial. Pero en Cuba, donde la planificación estatal funciona con la precisión de un reloj roto, tres libras de arroz terminan convertidas en noticia provincial.

La situación del azúcar tampoco escapa al mismo guion de improvisación. La libra correspondiente al mes de febrero todavía estaba pendiente en 16 bodegas, las cuales ahora se completan junto a la distribución de marzo. Es decir, el alimento llega con semanas de retraso y el régimen lo vende como un logro administrativo.

Mientras tanto, la población sigue esperando, porque incluso la entrega depende de algo tan elemental como la disponibilidad de combustible, una carencia crónica que el gobierno insiste en justificar con discursos ideológicos.

El panorama alcanza niveles casi surrealistas con la distribución de otros productos como los chícharos o la compota infantil. Para llevarlos a las bodegas se han utilizado triciclos eléctricos y coches de tracción animal, en muchos casos aportados “voluntariamente” por ciudadanos. En pleno siglo XXI, la logística alimentaria de un país termina dependiendo de caballos y triciclos, mientras el régimen habla de eficiencia económica y culpa al mundo entero de sus fracasos.

Funcionarios del aparato estatal, como directivos del comercio provincial, destacan el “esfuerzo” realizado para trasladar los alimentos y el ahorro de combustible logrado mediante descargas manuales y ajustes logísticos.

Sin embargo, detrás de esa retórica triunfalista se esconde una realidad evidente: un sistema incapaz de garantizar con normalidad alimentos básicos. Lo que debería ser una rutina diaria se convierte en una operación épica, y el pueblo cubano termina celebrando la llegada tardía de tres libras de arroz como si fuera un milagro.

Así funciona la economía que la dictadura insiste en llamar “organizada”. En realidad, es solo otro capítulo de un desastre administrativo que dura más de seis décadas.

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