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Por Luis Alberto Ramirez ()
Miami.- En tiempos de campaña, los políticos se transforman. Prometen soluciones, empatía, transparencia… y hasta milagros. Pero una vez que pasan las elecciones, muchos actúan como las tiñosas cuando escampa: “¿Casa? ¿Cuál casa?”. Mientras llueve, prometen techo; cuando sale el sol, se olvidan del compromiso.
Eso mismo está ocurriendo en Miami-Dade County. El colector de impuestos del condado recorrió emisoras de radio en Miami asegurando que todas las personas que habían sacado turno antes de la nueva normativa, que exige hacer el examen de licencia en inglés, podrían realizar la prueba en español. Lo dijo claro. Lo repitió. Lo sostuvo.
Pero ayer, en una oficina de licencias en Hialeah, la realidad fue otra. Mi hermano, que había sacado su turno antes de que entrara en vigor la normativa, fue a presentar el examen… y le dijeron que no. Que el examen es en inglés. Nada de español. Que lo dicho en la radio no tenía validez. Que, si alguien mintió, fue el propio recaudador, Dariel Fernández.
No fue un error aislado. Fue una promesa pública incumplida. Y aquí viene la pregunta incómoda: imaginemos por un momento que obligaran a repetir el examen de licencia a todos los que en su día lo hicieron en español. ¿Qué pasaría en Miami?
Se paralizaría el transporte. Muchas personas no podrían conducir para ir a trabajar. Se resentirían negocios, entregas, servicios. Los embotellamientos desaparecerían, sí… pero no por eficiencia, sino por colapso económico. La ciudad que funciona gracias al trabajo diario de miles de inmigrantes quedaría en pausa.
Porque en Miami, la realidad es clara: el español no es un capricho, es parte del tejido social y económico. Ignorarlo no es firmeza administrativa; es desconocer la composición real de la comunidad.
Los políticos deberían entender algo muy simple: la gente perjudicada no pierde la memoria. Puede que olviden un eslogan, pero no olvidan una injusticia. No olvidan cuando se les promete algo frente a un micrófono y luego se les niega frente a una ventanilla.
Prometer no cuesta nada. Cumplir es lo que define el carácter. Y en política, como en la vida, la credibilidad es lo único que no se puede renovar con turno previo. Mentir en español es fácil, lo difícil es cumplir en inglés.
Nota: Antes de hacer esta reseña trate de comunicarme con Dariel Fernández, de hecho, le mandé un privado, pero me dio la callada por respuesta, si estuviera en campaña, con toda seguridad me hubiese respondido antes de yo preguntarle.