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Por Datos Históricos
La Habana.- Verano de 1917. Nueva York. Grace Fryer tenía 24 años y hasta hacía poco era una joven fuerte, trabajadora y optimista. Había conseguido un empleo bien remunerado pintando números luminosos en relojes e instrumentos militares. El trabajo exigía precisión y destreza. También prometía seguridad.
Los supervisores repetían lo mismo: el material era inofensivo.
Las trabajadoras afinaban la punta de sus pinceles con los labios para trazar mejor los números. Una y otra vez. Día tras día. Sin saber que el polvo brillante que manipulaban contenía radio.
Al principio todo parecía normal. Luego comenzaron los síntomas.
Dolores persistentes. Fatiga inexplicable. Encías inflamadas. Mandíbulas que se debilitaban. Dientes que caían. Los médicos no entendían qué ocurría. Las empresas negaban cualquier relación entre la enfermedad y el trabajo.
Las jóvenes que alguna vez iluminaron esferas en la oscuridad empezaron a apagarse.
Grace también enfermó.
Mientras su cuerpo se debilitaba, algo en ella se fortaleció. Decidió no aceptar el silencio. Junto a otras compañeras, conocidas después como las Radium Girls, inició una batalla legal contra la corporación responsable.
No fue fácil.
Enfrentaron descrédito público, presión empresarial y un sistema que no estaba preparado para reconocer la responsabilidad industrial en enfermedades laborales. Pero persistieron.
En 1928 lograron un acuerdo extrajudicial. Cubría gastos médicos y ofrecía compensación económica. No les devolvió la salud. No borró el dolor. Pero marcó un precedente.
Su lucha cambió la historia.
Impulsó regulaciones más estrictas en seguridad laboral. Contribuyó a avances en medicina ocupacional. Forzó a la industria a reconocer que el progreso no podía construirse sobre cuerpos sacrificados en silencio.
Grace Fryer murió en 1933, a los 34 años.
Su nombre no suele aparecer en grandes monumentos. Pero cada norma de seguridad industrial, cada protocolo de protección en el trabajo, lleva algo de su resistencia.
Ellas pintaban números que brillaban en la oscuridad.
Sin saberlo, iluminaron algo mucho más grande.