Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Comparte esta noticia

No todas las leyendas del rock nacen en el escenario. Algunas comienzan en la oscuridad… lejos de los focos, donde la música se mezcla con lo inexplicable.

A finales de los años 60, Black Sabbath ya estaba marcando un camino que nadie había recorrido antes. Su sonido era más pesado, más denso, más inquietante. No solo estaban creando música. Estaban construyendo una atmósfera. Y con ella, también llegaron las historias.

La banda, liderada por Ozzy Osbourne, comenzó a notar algo extraño. Su imagen, su estética y sus letras empezaron a atraer a personas interesadas en lo oculto. Entre ellas, una secta que practicaba rituales de magia negra.

La propuesta fue directa: querían que el grupo participara en uno de sus rituales. La respuesta también lo fue. No.

Black Sabbath no tenía interés en formar parte de ese mundo, más allá de la inspiración artística. Pero el rechazo no cayó bien. Según la historia que ha rodeado a la banda durante décadas, aquella negativa tuvo una consecuencia inquietante. Una maldición.

No hubo pruebas. No hubo confirmaciones oficiales. Pero la sensación quedó. Fue entonces cuando buscaron protección.

Un líder de un grupo de magia blanca, al conocer lo ocurrido, les sugirió una solución tan simbólica como contundente: usar cruces como defensa. Y así lo hicieron.

No compradas. No decorativas. Las cruces fueron fabricadas por el propio padre de Ozzy Osbourne, que trabajaba como metalúrgico. Las hizo con restos de metal, con chatarra, dándoles una forma simple pero cargada de intención.

Cada miembro de la banda llevaba una. No como accesorio. Como escudo.

Desde entonces, las cruces se volvieron parte de su identidad visual. Un contraste curioso para una banda asociada con lo oscuro: símbolos de protección frente a aquello que muchos creían que ellos mismos representaban.

Quizás nunca hubo una maldición. O quizás sí. Pero en la historia del rock, hay momentos donde la realidad y la leyenda se entrelazan tanto… que dejan de importar por separado. Porque a veces, lo que construye el mito no es lo que ocurrió. Sino lo que todos creyeron posible.

Deja un comentario