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Por Luis Alberto Ramirez ()
Miami.- El régimen de La Habana lleva décadas construyendo un relato de “país pacífico”, pero la realidad histórica y los hechos recientes cuentan otra historia. Mientras el canciller Bruno Rodríguez Parrilla asegura que Cuba “no agrede, no amenaza y no interfiere en los asuntos de otros Estados” (¿?), siguen saliendo a la luz episodios que desmontan ese discurso.
Informes recientes indican que personal de seguridad cubano estuvo profundamente integrado en el aparato militar y de inteligencia venezolano durante años. Además, incluso decenas de cubanos murieron en la operación que capturó a Nicolás Maduro.
Ahora pretenden vender la imagen de neutralidad, pero el problema no es lo que dicen… sino lo que han hecho. Por otra parte, resulta difícil hablar de “no injerencia” cuando la propia alianza entre La Habana y el chavismo incluyó presencia de asesores e inteligencia en estructuras clave del poder venezolano. Asimismo, mientras se pronuncian discursos de paz en foros internacionales, en casa siguen priorizando ejercicios de “preparación combativa”. Estos ejercicios son encabezados por Miguel Díaz-Canel, acompañado por la cúpula militar del país.
El cinismo no está en el discurso… está en la contradicción. Porque si de verdad se respetara el Derecho Internacional como se proclama, no haría falta repetirlo tanto. Los hechos hablan solos, y la memoria también.
El régimen de la Habana ha basado toda su existencia en el guerrerismo, no solo al interior del país construyendo túneles, haciendo maniobras combativas, obligando a los jóvenes a alistarse en el ejército para entrenarse militarmente. También ha mandado soldados cubanos a conflictos extranjeros, ha desestabilizado naciones y ha entrenado a cuanto terrorista flota por el mundo. Ahora, cuando ven que las bardas de su vecino están ardiendo, quieren poner las suyas en remojo, pero no tienen ni agua.