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La trampa migratoria: cómo una mala señal de EEUU puede salvar al régimen cubano

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Por Albert Fonse ()

La habana.- Espero que las recientes declaraciones del jefe del United States Southern Command estén siendo mal interpretadas o sacadas de contexto. Porque si realmente el mensaje que se quiso transmitir es que Estados Unidos se está preparando únicamente para recibir una ola migratoria masiva desde Cuba, entonces estamos ante un error estratégico grave en uno de los momentos más delicados de la historia reciente de la isla.

Ese tipo de señal, en lugar de presionar al régimen, puede terminar dándole oxígeno. Es prácticamente decirle a la dictadura que, si la situación interna se les va de las manos, siempre tendrán una salida: abrir las fronteras, vaciar el país y convertir una crisis política en una crisis migratoria. No sería la primera vez. El precedente del Maleconazo está ahí como recordatorio de cómo el poder en Cuba utiliza la desesperación del pueblo como herramienta de control.

Después del Protestas del 11 de julio en Cuba ocurrió algo similar, pero con un método más sofisticado. No se trató de balsas saliendo desde el Malecón, sino de una apertura indirecta a través de Nicaragua. Esa vía permitió la salida de cientos de miles de cubanos en muy poco tiempo. Fue una válvula de escape silenciosa, menos visible mediáticamente, pero igual de efectiva para aliviar la presión interna y evitar una escalada mayor dentro del país. El patrón es claro; cuando el régimen siente que pierde control, exporta la crisis.

Fin a la raíz del problema

El problema es que hoy el contexto es aún más explosivo. Crisis energética, colapso económico, hambre, represión y una población indignada. En ese escenario, provocar un éxodo masivo no solo es viable para el régimen, es una jugada lógica para ganar tiempo, descomprimir la presión interna y desviar la atención internacional.

Mientras tanto, ya se empieza a mover la maquinaria de siempre. Agentes de opinión, voceros disfrazados de opositores y activistas, perfiles alineados con la narrativa oficial comienzan a preparar el terreno: hablar de crisis humanitaria, de necesidad de flexibilizar, de evitar “escaladas”. Por eso el mensaje no puede ser ambiguo. No puede ser interpretado como una invitación a repetir el ciclo.

El mensaje correcto tiene que ser otro. Claro, directo y sin espacio para manipulaciones: si el régimen provoca una crisis humanitaria empujando a miles de cubanos hacia el exterior como mecanismo de escape, eso no será tratado únicamente como un fenómeno migratorio. Será entendido como la confirmación de que Cuba ha colapsado como Estado.

En ese punto, la respuesta no puede limitarse a recibir migrantes, que se le agradece que le den refugio a nuestros hermanos. Pero esto tiene que escalar a un nivel superior: declarar a Cuba como un Estado fallido y activar una intervención humanitaria orientada a estabilizar el país, proteger a la población y poner fin a la causa raíz del problema.

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