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Por Ulises Toirac ()

La Habana.- La realidad no se puede contener indefinidamente, sobre todo si implica consecuencias cuyo alcance es masivo o profundo. Tarde o temprano, esa realidad aflora. Escapa a los recovecos y saca cabeza y cuerpo. Por partes o todo a la vez, pero las saca, inevitablemente.

No prever las consecuencias de una narrativa que se verá en entredicho inexorablemente es inmaduro y tiene un ingrediente en cantidades masivas que define la relación Gobierno-Pueblo: «no tienes derecho a saber lo que decido, ni con quién, ni cómo». Vieja actitud —deplorable, porque implica que no son servidores del pueblo— que creo esta vez se puso al desnudo más que nunca.

No soy iluso: todos los gobiernos dan pasos con máxima discreción en temas muy delicados, y es lógico. Pero, en primer lugar, se cuidan mucho de declarar algo que luego los contradiga («tranquilo, mota, que de todas maneras se lo tienen que tragar luego») y el disimulo no llega a la negación. Me explico:

Solo en una ocasión anterior se llegó a conversaciones negociadoras de esta magnitud entre los dos gobiernos. En 67 años. Ergo: no es línea coherente de comportamiento. Es anomalía. Y no hay que negar los porqués. Están más que claros. Llevar otra narrativa los coloca en una posición de avestruz ante el peligro. Todo el bosque está viendo venir al león, salvo el avestruz. Y es por quien viene.

Hay una dicotomía gordiana entre la necesidad que ahora mismo grita «necesitamos a los empresarios cubanos que viven en el extranjero», mientras ellos (los empresarios cubanos) ven «el tratamiento» al que se somete la realidad (sin contar el currículum vítae del comportamiento de esas relaciones comerciales con ellos y con otros empresarios). Este caso de hoy —la comparecencia— tipifica la manera en que se enmascara la realidad para coexistir con una historia ideológica que ya no tiene contexto.

Como mismo hubo que sentarse a negociar, habrá que hacer concesiones (toda negociación las lleva) y el interlocutor no se va a contentar con unas pocas… no sé si ven venir eso, pero es un hecho. Porque de las concesiones que haga el gobierno cubano dependerán las concesiones que haga Estados Unidos. Y aquí se necesitan esas concesiones.

Todos los voceros, miembros del Gobierno, ideólogos y clarividentes (referido a las clarias): «No estamos negociando, somos un bastión inexpugnable, ñiñiñiñi…»

Pueden seguir jugando al gato y al ratón como en los muñequitos. En la concreta, el gato se jama al ratón. Este símil no habla de Cuba y Estados Unidos, habla de la mentira y la realidad. Nunca he visto a un ratón reposando la cena con la cola del gato saliéndole por la boca.

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