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Pro Yasser Sosa Tamayo
Santiago de Cuba.- No es una metáfora. Es Isabel Mendoza. Poetiza. Premiada. Mujer que ha sembrado belleza en páginas y concursos.
Y hoy la encontré caminando con la ropa vencida por el tiempo, contando monedas para poder dar de comer a su esposo enfermo. Mientras muchos comparten poemas en redes, la mujer que los escribe cuenta centavos en la acera.
Eso no es pobreza individual. Es fracaso colectivo. Isabel no pidió lástima. Pidió tiempo. Pidió fuerza. Pidió que su esposo pudiera cenar.
Le entregué alimentos. Y una rosa.
La rosa no fue adorno. Fue respeto.
Fue decirle: la cultura no es desechable. Fue recordarle que su dignidad está intacta aunque la tela esté rota.
Cuando le puse la rosa en la mano, no lloró. Sonrió con esa serenidad de quien ha sobrevivido a todo sin perder la voz.
Y ahí entendí algo:
Un país que deja a sus poetas en la calle no está en crisis económica. Está en crisis moral. No grabé mis manos. Grabé una realidad que muchos prefieren no mirar.
Si alguna vez un poema te abrazó cuando estabas roto, hoy puedes abrazar a quien los escribe.
Que esta historia no pase en silencio. Compártela. Comenta.
Que la poesía no tenga que volver a extender la mano. Porque cuando la belleza mendiga, algo profundo se está pudriendo.