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Por Hermes Entenza ()
Núremberg.- ¿Saben qué me gustaría que hicieran estos muchachos inadaptados, desinformados, monigotes y utilizados en La Habana como visitantes de lujo al Museo Cuba que, ellos sin saberlo (o sí) es el Museo del Fracaso?
Me encantaría que, jóvenes al fin, visitarán a Anna Sofía Benítez Silvente, a los muchachos de Fuera de Caja Cuba, que visitaran a los padres de los jóvenes de El4tico. Que preguntaran por Luís Manuel Otero Alcántara, Maykel Osorbo, María Cristina Garrido, y los miles de presos políticos en las cárceles cubanas.
Me encantaría que les hablaran del joven que estuvo semanas en huelga de hambre; que supieran de José Gabriel Barrenechea y les contaran sobre la agonía de su madre, que murió sin poder verlo.
Deberían ver, además, cómo una cúpula selecta vive en mejores condiciones que ellos, pero las calles están llenas de mendigos.
¿Sería genial, verdad? Pero no, los presos, los pobres, los niños con hambre y las fiestonas de la corte no forman parte de las piezas museables porque, de ser exhibidos, quizás los jóvenes aguerridos, inadaptados en sus propias vidas, y monigotes de un fracaso, cambiaban, quizás, el tono y la letra de esos gritos de histeria que hoy les produce morbo.