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Por René Fidel González García
Santiago de Cuba.- Solo el subdesarrollo político, sus consecuencias, sus prácticas y valores, su cultura y formas de reproducción, pueden explicar que los actos propios de la autoestima política de los individuos puedan ser disueltos en comportamientos y reacciones irrelevantes, intermitentes y fluctuantes de indignación, interpelación y crítica.
Solo la enajenación y al mismo tiempo la ritualización de la vida pública que produce la exclusión política en una sociedad, puede explicar que en Cuba, un inocuo e insustancial ejercicio del derecho de expresión realizado en un programa de televisión, pueda convertirse en una oportunidad masiva para dichas reacciones y sobre todo para el extrañamiento y la continuidad del ciclo de digresión de los asuntos, hechos y acciones realmente importantes.
Los excluidos se deben el esfuerzo preciso de lucidez y concentración en una meta: la creación de las estructuras que les permitan posicionarse frente el desafío de enfrentar a las estructuras de la exclusión.
Hasta que esto no ocurra, el conflicto explícito en que una parte de la población excluya política – y social y económicamente – a otra, no habrá sido asumido.
No hay que olvidar nunca que la identidad política que nos es impuesta para conseguir y perpetuar la opresión, solo puede ser desmontada a través de la subversión de los rasgos distintivos, los roles y valores, las creencias y expectativas que le fueron asignadas para lograrlo. De hacer esto, trata alcanzar la autenticidad y plenitud política.
Es preciso salir de la noria, fuera de ella están los derechos, las libertades y la igualdad política que nos pertenecen. Es justo allí a donde no quieren que mires, el lugar político del que te han excluido.