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Redacción Nacional
San José de las Lajas.- Pedro Valido era un hombre mayor, pero una figura de mucho poder en San José de las Lajas, como para que su muerte pasara así, sin más ni más.
Vamos, no era el benefactor de los lajeros, aquel señor llamado Gonzalo García Pedroso, que trajo a esta tierra todas esas industrias que el comunismo fue cerrando poco a poco, hasta convertir en nada a un pueblo que fue sinónimo de crecimiento y desarrollo.
Valido era un eficiente empleado de Comercio y Gastronomía. Un tipo ladino que administró en muchos lugares en San José y fuera. Y que cuando ya pensaba colgar los guantes e irse a su casa a aburrirse en un confortable sillón, viendo películas del Oeste, se encontró con una última oportunidad. ¡Y qué oportunidad!
Su todopoderosa hija, Tamara Valido, presidenta del Poder Popular en Mayabeque, primero, y después gobernadora, le pidió que siguiera en El Rodeo, ese intento de recinto ferial donde hay cafeterías, cabarets… lugares de ocio y sitios de venta, además de la plaza donde montan toros y exponen supuestos logros de la ganadería. Ahora no como administrador, sino como dueño. O testaferro suyo.
Allí entraba el pollo por camiones, las tinas de helado por centenares, entre otras de esas cosas tan perentorias para los cubanos y que dejaban -y dejan- pingües ganancias. Todo aquello administrado, controlado y vendido por los Validos en el mercado negro, testaferros mediante.
Ahí agarró Valido. No como dueño, sino como testaferro de su hija, que le pasó luego otras ‘cositas’ para que él apareciera como dueño, mientras ella seguía su carrera política. Entre esas cosas, empresas vinculadas a la industria ligera, como las textiles, bajo el formato de Proyecto de Desarrollo Local (PDL) con todo lo que deja, por el respaldo exterior -en dólares-, sobre todo.
La habilidosa Tamara salió de Mayabeque hacia la Asamblea Nacional, cerca de Esteban Lazo. Para asegurarse bien, encontró un esposo con estrellas grandes en las charreteras, y se adueñó de todos los talleres de costura de la provincia, incluyendo a los que cosen los uniformes para las fuerzas armadas.
Nadie en la provincia tenía más ascendencia que la exgobernadora, abogada de profesión y astuta y habilidosa como pocos. Ya no le bastaba con su casa en el barrio de El Pío Pío, con aire acondicionado en todas partes, incluyendo la cocina. Su pretensión era clara y se lo confesó un día a una amiga: «Quiero ser millonaria y demostrar que se puede dirigir y conseguirlo».
-«Acá cualquiera es millonario» -le dijo la amiga y confidente, pensando que se refería a pesos cubanos.
-«Millonaria en dólares. ¿Escuchaste? En dólares» -respondió la Valido y dejó a la otra con los ojos que se le querían salir de las órbitas.
Tamara es de esas personas que no se mete en nada que no pueda ganar. Y siempre busca aliados poderosos. Por eso se alió con Adamarys Brito, funcionaria del Gobierno, y una de sus subalternas, y, sobre todo, con Pedro Brito – Pedro El Colorao o Pedro El Calvo-, dueño de casi todo lo otro que no sea de Tamara, incluyendo todo lo de El Boulevard -si es que al lugar se le puede llamar así. Y hermano de Adamarys.
Desde su época de presidenta del gobierno de San José, Tamara le abrió todas las puertas a Pedro para que este creciera. Y no lo abandonó jamás. Pedro hizo y deshizo, multiplicó por miles su capital, sin que sobre él cayera nunca ninguna duda, porque, entre otras cosas, los fines de semana eran habituales en sus celebraciones generales y doctores.
Pedro no es de bullas. La algarabía no va con él. Pero a su palacete llegaban habitualmente unos carros extraños y personajes conocidos: René, Gerardo, Fernando… cualquiera de los llamados Cinco… los espías aquellos que Obama soltó. Y algún que otro ministro o general. Luego del ágape, sus maleteros y asientos traseros salían llenos.
Nadie tocaba a Pedro, que comenzó por hacer muebles. Y que tenía a su hermana Adamarys en el gobierno, casi que como escudera de Tamara. Así consiguió Pedro las licencias, extrañas licencias, para reparar hoteles, por millones de pesos cubanos o cientos de miles de dólares. Primero fueron los de Jibacoa, y luego otros, y otros.
Pero Pedro, Tamara, Adamarys… son tipos habilidosos, y querían más. Y los pinos aquellos que estaban a la entrada del pueblo por las Ocho Vías eran el lugar ideal para hacer más. Un Proyecto de Desarrollo Local (PDL) era lo ideal. Esos cuentan con financiamiento del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y Tamara estaba ahí, para «ayudar».
Pedro, la esposa de Pedro, Adamarys, la hermana de Pedro… todas las tajadas para ellos y si un viejo salía a vender tres cebollas, la policía le caía encima. Pero a estos nadie los miraba, porque los supuestos nuevos «benefactores» tenían las puertas abiertas para todo: permisos, licencias, licitaciones… y se adueñaron de Los Pinos, donde hay plata puesta que viene de fuera.
Solo parecía una exageración. Adamarys, a quien Tamara puso como Directora Territorial de Desarrollo Local, se extralimitó y se llevó alguna reprimenda de su jefa, y hasta de Pedro por haberle dado entrada en los negocios a Lisset, otra de las funcionarias del gobierno. Hasta que tuvieron sus problemas por la dulcería La Lajera -o El Morado- porque donde hay plata y por cantidades, siempre hay problemas.
Y ahora, se muere Pedro Valido. El octogenario padre de Tamara falleció y la gente se pregunta a manos de quién irán El Rodeo, sus Proyectos de Desarrollo Local, las ayudas del PNUD. ¿La antigua gobernadora delegará en otros o asumirá como propios todos esos negocios?
¿Son compatibles sus funciones en la Asamblea Nacional, donde aparenta ser una pulcra funcionaria que espera una nueva oportunidad para ascender, con la tenencia de negocios con subterfugios detrás? ¿Investigará alguien alguna vez todos los negocios sucios de esta banda o se mantendrá todo en silencio, porque ellos ‘tocan’ a quien hay que tocar a todos los niveles posibles?
¿Es esto corrupción de la buena, de la de verdad, o solo es delito lo que hace el trabajador humilde, el pobre vendedor que intenta a duras penas sobrevivir? ¿Alguna vez el gobierno de San José de las Lajas, o el de Mayabeque, puso en licitación algunos de estos negocios para que alguien intentara invertir o participar en el mismo? ¿Quién se hará cargo de los negocios de Pedro Valido tras su muerte?
En San José de las Lajas hay un entramado mafioso cuyos hilos pueden llevar a mucha gente. Desentrañarlo es tarea de otros. La nuestra es hacerlo público, hacer que las personas piensen, abran los ojos, y se den cuenta de que esos que nos vendieron como dirigentes honestos o ciudadanos limpios, tienen ‘peste’ detrás. Y no es por gusto.
Nada que el pueblo de Gonzalo, de Gonzalo García Rivero, el benefactor, el pueblo limpio, lleno de industrias y de emprendimientos, ha caído en manos de mafiosos, de esa mafia de cuello blanco que se está comiendo a Cuba desde adentro: corrupción en estado puro.