Por Redacción Nacional
La Habana.- La ministra del Banco Central de Cuba, Juana Lilia Delgado Portal, apareció en San Petersburgo para participar en la XXIII sesión de la Comisión Intergubernamental entre Rusia y Cuba. Mientras tanto, en la isla la economía atraviesa una de las peores crisis de su historia reciente: inflación descontrolada, apagones interminables, salarios pulverizados y una escasez generalizada que tiene a millones de cubanos sobreviviendo como pueden.
En medio de ese panorama, nadie termina de explicar con claridad qué busca exactamente la jefa del Banco Central en territorio ruso, más allá de repetir las frases habituales sobre cooperación y relaciones estratégicas.
Durante su intervención, Delgado Portal aseguró que ambos países han logrado crear un “sistema de pago seguro” para facilitar las operaciones comerciales entre Cuba y Rusia.
Según explicó, dicho mecanismo ya permite utilizar el rublo en las transacciones bilaterales, lo cual —en teoría— representa una ventaja para el intercambio económico. El problema es que ese discurso suena demasiado optimista si se compara con la realidad de la economía cubana, donde el peso pierde valor a diario y el dólar se ha convertido en la verdadera referencia para casi cualquier operación importante.
La funcionaria también habló de profundizar las relaciones bancarias y de aprovechar las capacidades tecnológicas rusas para hacer más eficientes los sistemas de pago. Son declaraciones que suenan muy modernas en los salones de conferencias de San Petersburgo, pero que contrastan con la vida cotidiana en la isla.
En Cuba, pagar con una tarjeta muchas veces es una odisea, los cajeros automáticos se quedan sin efectivo y las plataformas digitales del sistema bancario colapsan con frecuencia. Resulta difícil imaginar una revolución tecnológica financiera cuando ni siquiera se ha logrado estabilizar lo más básico del sistema.
Otro punto abordado durante el encuentro fue el desarrollo de la tesorería cubana y la necesidad de generar ingresos para cumplir compromisos financieros. Aquí aparece uno de los grandes problemas que el Gobierno rara vez menciona con claridad: Cuba arrastra deudas importantes con varios socios internacionales y su capacidad para pagarlas es cada vez más limitada.
De ahí el interés en estrechar vínculos con Moscú y buscar fórmulas que permitan mantener abiertos los canales de financiamiento, aunque eso implique depender cada vez más de un aliado político dispuesto a sostener a La Habana en medio del naufragio económico.
Al final, la ministra calificó la reunión como “constructiva y provechosa”, una expresión que el oficialismo repite casi mecánicamente después de cada encuentro internacional.
Sin embargo, mientras se celebran estas reuniones diplomáticas a miles de kilómetros, el cubano de a pie sigue enfrentando la misma realidad: salarios que no alcanzan, mercados vacíos y una moneda que se desmorona.
Por eso muchos se preguntan si estos viajes realmente traen soluciones o si simplemente forman parte de la larga peregrinación del régimen en busca de algún salvavidas económico que le permita seguir a flote un poco más.
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