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La minera canadiense Sherritt es la nueva víctima de la ruina energética del castrismo

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Por Redacción Nacional

La Habana.- La minera canadiense Sherritt anunció este martes la reducción y próxima paralización de sus operaciones en Moa por falta de combustible.

“Restricciones en el suministro” y el bloqueo a los envíos de petróleo como causa principal son las causas principales de la retirada canadiense. Sin embargo, detrás del tecnicismo empresarial y la referencia automática a Washington, vuelve a asomar la misma verdad incómoda. Cuba es un país incapaz de garantizar estabilidad energética ni siquiera para una de sus industrias estratégicas.

Sherritt, asociada con la estatal General Nickel Company S.A., parte de Cubaníquel, se verá obligada a pausar las operaciones mineras y poner en espera la planta de procesamiento en los próximos días. Además, la compañía recibió una notificación de que las entregas de combustible no se cumplirán. Ni siquiera existe un plazo claro para su reanudación.

La incertidumbre es total. Y cuando una empresa extranjera no sabe cuándo volverá a tener diésel para operar, lo que está en juego no es solo la producción de níquel y cobalto. También está en riesgo la poca credibilidad económica que le queda al régimen.

El gobierno cubano, como siempre, apunta al embargo estadounidense y a la orden ejecutiva firmada por Donald Trump que permite sancionar a países que suministren petróleo a la isla. Pero la narrativa oficial omite un detalle esencial. Un país no puede depender eternamente de la caridad geopolítica ni de maniobras de última hora para mantener en pie su economía. Décadas de mala administración, endeudamiento irresponsable y opacidad financiera han convertido a Cuba en un socio de alto riesgo. Ahora es incapaz de asegurar contratos energéticos estables sin sobresaltos.

Mientras tanto, las consecuencias no se limitan a Moa. La escasez de combustible ha obligado a medidas desesperadas: venta regulada de gasolina, suspensión de clases universitarias, teletrabajo forzado, cancelación de rutas de transporte y ajustes de jornadas laborales. Es el mismo libreto de siempre: el pueblo paga la factura de la ineficiencia estructural. Cuando falla el combustible, se paraliza el país entero. Esto ocurre porque nunca se construyó una matriz energética sólida ni se diversificaron realmente las fuentes de ingreso.

Sherritt asegura que evalúa opciones para preservar liquidez y mantener operaciones, mientras sus instalaciones en Canadá continúan sin afectaciones inmediatas. La diferencia es abismal: allá hay planificación, reservas e institucionalidad; aquí, improvisación y consignas.

La paralización en Moa no es solo un problema empresarial. Es el retrato de una dictadura que ha administrado la isla como un experimento ideológico fallido. Otra vez, el resultado es el mismo: menos producción, más crisis y un país entero hundiéndose en la oscuridad.

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