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La Ley Helms-Burton no basta: sin desmilitarización, no hay cambio real en Cuba

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Por Albert Fonse ()

Vancouver.- La Ley Helms-Burton, o Ley Libertad, es una estructura bien diseñada para una transición democrática en Cuba. Plantea elecciones libres, libertad de prensa, liberación de presos políticos y apertura económica. Todo eso es correcto. Todo eso es necesario. Pero le falta lo más importante para que ese cambio sea real y no reversible: la desmilitarización de la dictadura.

El problema en Cuba no es legal, es de poder. El control no lo tienen las leyes, lo tienen las armas. Mientras las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior sigan intactos, cualquier proceso político está condicionado. Puedes tener elecciones, puedes tener partidos, puedes tener prensa, pero todo existirá bajo la sombra de un aparato que puede intervenir en cualquier momento.

Puede que el régimen amague un cambio o incluso lo inicie, ya sea por negociaciones o por una operación militar, pero si no se elimina la FAR y no se controla el MININT, todo proceso puede ser revertido. No necesitan hacer un golpe visible. Les basta con mantener la estructura, esperar el momento y retomar el control desde dentro.

Sin desmilitarización no hay transición

En Cuba el problema no son las figuras, es el sistema. Cambiar nombres no cambia nada si quienes tienen la capacidad de reprimir siguen siendo los mismos. El poder real está en esas instituciones, no en los discursos ni en las reformas que puedan anunciar.

Por eso la Ley Libertad se queda incompleta. Define qué debe pasar, pero no garantiza que pase. No asegura el punto de no retorno. Sin desmilitarización, todo lo demás puede convertirse en una transición controlada por el mismo poder que supuestamente está siendo reemplazado.

Si no se desmonta el aparato represivo, no hay cambio real. Solo hay una pausa, una adaptación, una maniobra para sobrevivir. La diferencia entre una Cuba libre y una Cuba reformada por el propio régimen está en ese punto: quitarle al sistema su capacidad de imponerse por la fuerza. Sin eso, todo lo demás es temporal.

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