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Por Abel Tablada

La Habana.- ¡Cuánto daño le han hecho a este país! ¡A tantas generaciones de cubanos! Los unos y los otros, los de allá y los de acá. Y hasta uno mismo por esperar tiempos mejores, por esperar un milagro que no va a bajar.

¡Qué tristeza de país donde solo se puede mirar para el techo sin hacer nada durante muchas horas!

Lo peor no es un cine apagado durante el Festival más importante del calendario nacional y caribeño. Imagínense un hogar pequeño y en pobres condiciones, con tres niños, uno de ellos enfermo, sin electricidad, sin agua, con poca comida y sin ninguna esperanza para cambiar y mejorar. Eso repetido varias veces a la semana, al mes, al año y por muchos años.

Hace seis semanas me preguntaba si íbamos a llegar al 2026, parece que sí, pero a qué precio?

Este mes hay plenos y asambleas de los que gobiernan en Cuba, y si es muy triste esa imagen de uno o muchos hogares cubanos pobres sin lo más básico, más triste todavía es saber que de esos Plenos y Asambleas no saldrán las soluciones, como no salieron de los plenos y asambleas del 2024, 2023, 2020, 2015, 2000…

Porque este país, a pesar de identificarse como independiente y soberano, su dirigencia no es capaz de encontrar alternativas de desarrollo y gobernanza que empodere a su ciudadanía y minimice los efectos de la cruel guerra económica y mediática externa.

Siempre trato de ser optimista, pero cuando solo se identifica un culpable, cuando se pierde la objetividad, cuando se es sensible de forma selectiva, cuando se pierde o manipula a Martí por ambos lados, entonces esa esperanza que Silvio deseó que pasara por aquí, se esfuma, sobre todo en medio de tanta continuidad, de tanta polarización y odio, de tanta oscuridad.

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