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La Fecha Límite de Cambios 2025: Cuando el béisbol se volvió un partido de póker (y Caballero terminó en el equipo contrario)

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Por Robert Prat ()

Miami.- La Fecha Límite de Cambios del 31 de julio de 2025 dejó más drama que un capítulo de Elite. Los equipos actuaron como jugadores de póker en una mesa alta: algunos fueron all-in (Padres, Astros), otros se retiraron con las cartas pegadas al pecho (Dodgers, Mets), y uno, el panameño José Caballero, empezó el juego con los Rays y terminó abrazando a Gerrit Cole en el dugout de los Yankees.

Literalmente. El infielder fue notificado de su traspaso en medio del partido entre ambos equipos, después de robar una base y hacer una doble jugada para Tampa Bay. Al séptimo inning, ya estaba del otro lado, vaciando su casillero con la velocidad que lo caracteriza (34 bases robadas esta temporada). Un guionista de Hollywood lo habría descartado por inverosímil.

Los Padres de AJ Preller, como siempre, robaron el show. Cambiaron a su mejor prospecto, el dominicano Leo De Vries (Nro. 3 global), por el cerrador Mason Miller y el abridor JP Sears de los Atléticos. Luego añadieron al bateador Ryan O’Hearn y al jardinero Ramón Laureano, como si el blackjack no tuviera límite.

Preller, el hombre que convierte la Fecha Límite en un reality show, dejó claro que San Diego no quiere esperar a 2030 para ganar: quiere hacerlo ahora, aunque tenga que hipotecar el futuro. Mientras, los Astros trajeron de vuelta a Carlos Correa, el héroe de 2017, en un movimiento nostálgico y calculado. Minnesota pagó parte de su salario, porque en el béisbol moderno hasta los reencuentros tienen cláusulas financieras.

Nueva York: una bola de cristal

La curiosidad más absurda fue la de los Yankees: además de fichar a Caballero mientras jugaban contra él, sumaron al cerrador Camilo Doval (antes de los Giants) y a David Bednar (Pirates), pero nadie está seguro de si eso arreglará su bullpen o solo añadirá más nombres a su lista de decepciones.

Doval, con una efectividad errática este año, parece un Ferrari sin frenos: impresiona, pero nadie sabe dónde terminará.

Los Mets, por su parte, actuaron como un equipo que no sabe si comprar o vender: adquirieron al jardinero Cedric Mullins (un agente libre en diciembre) y a relevistas como Tyler Rogers, pero sin la audacia de otros años. Steve Cohen, el dueño billonario, parece haber cambiado el champagne por agua mineral.

En el béisbol, como en la vida, hay quienes apuestan fuerte y quienes se esconden. Los Tigres, líderes sorpresa de la Liga Americana, ficharon a los relevistas Kyle Finnegan y Paul Sewald, como si septiembre ya estuviera aquí.

Los Marineros, en silencio, se llevaron al venezolano Eugenio Suárez (36 jonrones esta temporada), un bateador que parece sacado de un videojuego cuando conecta. Y los Blue Jays, desesperados por lanzadores, arriesgaron con Shane Bieber, quien no lanza en las Mayores desde esde abril de 2024. ¿Genio o locura? El tiempo lo dirá 

Cuando no sabes para quién trabajas

Mientras tanto, en Tampa Bay, los Rays hicieron lo que mejor saben: vender piezas valiosas (como Caballero) por prospectos, como si el béisbol fuera un mercado de pulgas. Su gerente, Kevin Cash, debe ser el único hombre que puede perder a un jugador durante un juego y seguir sonriendo.

Pero la joya de la corona fue Leo De Vries, el torpedero dominicano de 18 años que los Atléticos recibieron de San Diego. Un adolescente que vale más que un armario lleno de trofeos.

Al final, la Fecha Límite dejó una lección: el béisbol ya no es solo de los ricos. Equipos como Padres, Tigres y Mariners demostraron que la audacia paga más que la nómina. Y aunque los Dodgers y Mets se quedaron mirando, todos recordarán el día en que José Caballero jugó para dos equipos rivales en el mismo partido. O casi. Una metáfora perfecta de un deporte donde, a veces, ni los jugadores saben para quién trabajan.

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