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La epopeya del pan con croqueta

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Por Redacción Nacional

Camagüey.- La prensa oficialista vuelve a maquillar la miseria con un titular triunfalista: “aseguran la merienda escolar”. Lo presenta el periódico Adelante como si fuera un logro de la Revolución. Sin embargo, en cualquier país normal un vaso de leche o un pedazo de pan para los estudiantes es un derecho básico, no una epopeya.

La noticia pretende vender organización y eficiencia, pero en realidad refleja el fracaso absoluto de un sistema. Es incapaz de garantizar lo mínimo: la alimentación de sus niños.

Los directivos hablan de chequeo médico a choferes, de supervisión higiénica y de revisión técnica a los vehículos. Lo pintan como “uno de los programas más sensibles de la Revolución”. Sin embargo, lo único sensible aquí es la vergüenza de un país que lleva más de sesenta años presumiendo conquistas sociales. Los padres siguen mandando a sus hijos a la escuela con el estómago vacío.

El sistema educativo cubano no sirve

El cinismo alcanza niveles grotescos cuando un chofer, presentado como “fundador del programa”, asegura estar dispuesto a mantener el vehículo. Su objetivo es que la merienda llegue “con prontitud y calidad”. La propaganda intenta convertir en heroicidad lo que en cualquier otro lugar del mundo es rutina. Cumplir con el trabajo asignado, en Cuba, hasta la entrega de un pan con pasta debe adornarse con discursos grandilocuentes porque no hay nada más que mostrar.

El programa, iniciado en los 2000, es descrito como un esfuerzo colectivo de varias empresas estatales: lácteas, cárnicas, alimentarias. Suena bien en el papel. Sin embargo, la realidad es otra, esas mismas empresas están en crisis permanente y son incapaces de garantizar leche en polvo para los bebés. Tampoco pueden asegurar carne para los hospitales o pan de calidad para la población. Entonces, la gran pregunta es: ¿de dónde saldrá esa merienda escolar si los estantes de las bodegas y los mercados están vacíos?

Este tipo de noticias no busca informar, busca distraer. Hablan de la “merienda escolar” como un símbolo de resistencia, cuando en el fondo es la radiografía de un sistema agotado. La dictadura se aferra a mostrar migajas, mientras el país se hunde en apagones, inflación y hambre.

El problema no es la logística de los choferes ni la higiene de los alimentos: el problema es una tiranía que convirtió lo más básico en un lujo.

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