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La caldera tiene salidero: el «timing» de una crisis que ya no tiene margen

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Por Ulises Toirac ()

La Habana.- Hay un concepto que creo se aplica para todo. Por ejemplo, en comedia, la frase, el gesto, el plano, tienen un «timing», con el cual se potencia al máximo la risa. Mientras más alejado de él, menos posibilidades de lograr la reacción deseada.

En un monólogo mío, por ejemplo: «Me cansé, ¡voy a hablar del presidente y bien! ¡Que salga el sol por donde salga! Y si a alguien no le gusta, que recoja y se vaya», dejaba en vilo al público. Dicho con toda la seriedad, con coraje. Hay un tiempo exacto, en este caso, bastante largo, en el que puedo esperar para decir la siguiente frase, mirando desafiante y haciendo el pecho subir y bajar, pero no eterno. Hay un «timing» que si lo apresuro, es como un coito interrupto, y si lo retardo demasiado, no logra la mejor explosión de risas.

En política y economía sucede lo mismo. Hay un «timing», sobre todo si la historia clínica y la circunstancia que está corriendo son negativas.

Las últimas decisiones respecto a la urgente descentralización económica de algunas esferas, y la búsqueda de inversores extranjeros, sobre todo cubanos que residan en el exterior, se han alejado bastante del momento propicio. La urgencia de lo que, además, niega algunos principios seguidos tozudamente durante decenios, demuestra que la magnitud de la crisis está fuera de control.

La remodelación de la remodelación

Existe un sistema de medidas contra la economía y las finanzas de Cuba. Negarlo es ignorar cientos de regulaciones en blanco y negro que repercuten en el comercio. Independientemente de si el mayor exportador de comida es o no el propio Estados Unidos. Ok. Es la consecuencia del enfrentamiento. No se puede esperar llevarle la contraria a una persona, y que la persona permanezca impasible.

Este párrafo requeriría un tratado, pero a grosso modo, es así. Se debió implementar una política menos confrontacional que la empleada en época de Fidel, habida cuenta de varios factores como el arrastre del deterioro que provocaron medidas en las que la factibilidad económica era lo último que se tenía en cuenta, la ausencia del propio Fidel —que quiérase o no, tenía recursos personales que hoy ni de lejos— y un giro internacional en la correlación de fuerzas que dista mucho de la época dorada del manto del bloque socialista.

Era menester desde hace años sentar bases con el vecino del Norte en la búsqueda de terrenos comunes en los que hacer avanzar la coexistencia, buscar soluciones a las deudas comerciales abriendo las posibilidades de inversión sin el férreo control centralizado hasta para los cuños de cada papel, y cambiar la retórica respecto a la emigración. Y no solo la retórica, demostrar con hechos.

En cambio, se aplazó tomar cambios radicales y se optó por la remodelación de la remodelación de la remodelación y seguir jurando que ahora sí que la vamos a partir.

Dialogar, pero no con el cubano

A todas estas, decisiones como las de arrestar a los muchachos de El Cuartico y la reciente expulsión del doctor y profesor de la CUJAE, Abel Ernesto Tablada —meridiana posición de la FEU, honorable—, así como sacar de cualquier mesa de conversaciones la excarcelación de cientos de presos políticos, hacen pensar que la urgencia de la que habló el discurso tiene una sola vía peatonal. Un tiempo signado por la frase «estamos en la mejor disposición de dialogar con EE.UU.» pero no con nuestra propia población, lastran la buena fe de cualquier discurso, independientemente de si es tardío o no.

Pagaremos nuestras deudas y Sí los queremos, sí los necesitamos requieren algo más que un discurso y el maquillaje de una economía que, independientemente de todas las medidas de las administraciones estadounidenses, ha demostrado sobradamente por casi siete décadas que no funciona.

«Timing», irónicamente, ha tenido la logística para enviar su mensaje. Luego de unos meses sin desconexión del sistema electroenergético nacional, esperó que se tocara el tema en la reunión del domingo para… porque no es solo un problema de combustible, ha sido una política errónea. La caldera tiene salidero. Y ya es inmenso.

Ah… Lo que va después de la pausa tras «Ya me cansé, voy a hablar del presidente y bien….», es: «¡Donald Trump está del carajo!».

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