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Judocas cubanos: ¿Éxito deportivo o espejismo en tierra ajena?

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Bueno, volvemos a la carga con las noticias que nos llegan de afuera, esas que a veces parecen sacadas de otro planeta, ¿verdad? Los muchachos y muchachas del judo cubano, esos que se juegan el físico en los tatamis, han vuelto de Guatemala con cinco títulos bajo el brazo. Cinco oros, cuatro platas y cuatro bronces. Un botín que, a primera vista, suena a gloria. Pero, como siempre, hay que mirar un poco más allá de los titulares y las medallas.

La Copa Centroamericana y del Caribe Senior en Guatemala, que sirvió de trampolín para los Juegos de Santo Domingo 2026, vio a nuestros 15 judocas darlo todo. Nombres como Orlando Polanco, Andy Granda, Dali Semanat, Maylin del Toro y Dayanara Curbelo se colgaron el oro. Otros, como Iván Felipe Silva, Yainet Coronado, Lianet Cardona y Naysdel Cardoso, sumaron platas, y los bronces llegaron de la mano de Jonathan Charón, Marlon Herrera, Rubén Romero y Anisleidys Ur López. Un equipo dirigido por Julio Alderete, Boennys Chang y Antonio Becali, que se enfrentó a 14 países.

Lo curioso es que de los seis torneos clasificatorios, Cuba solo ha pisado el tatami en dos: este de Guatemala y uno anterior en Panamá. En Panamá, la cosecha fue similar: seis oros, cuatro platas y un bronce. Y según las últimas actualizaciones de ranking, nombres como Granda, Yainet y Anisleidys se posicionan en un meritorio quinto lugar en sus divisiones. Otros, como Naysdel Cardoso, Rubén Romero e Iván Felipe Silva, también figuran entre los diez primeros.

Ahora, pongámonos serios. ¿Qué significa todo esto para la isla? Ver a nuestros atletas triunfar en el extranjero es, sin duda, un motivo de orgullo. Pero también nos obliga a preguntarnos: ¿cuánto de este éxito se debe a la estructura deportiva que tenemos y cuánto a la pura garra y talento individual de estos muchachos, que a menudo luchan contra viento y marea? ¿Cuántos recursos se invierten realmente en el deporte base, en la formación de esos futuros campeones desde que son unos renacuajos?

Porque, seamos honestos, mientras ellos recogen medallas fuera, en casa la realidad es otra. La falta de oportunidades, la escasez de recursos, la constante búsqueda de una vida mejor… eso es lo que empuja a muchos, no solo atletas, a buscar horizontes distintos. Y cuando vemos estos triunfos, nos queda esa sensación agridulce: la alegría por el logro deportivo, pero la tristeza por saber que el talento cubano, tan pujante, a menudo florece lejos de su tierra, en escenarios que sí apuestan por la iniciativa y la recompensa individual.

El judo es uno de esos deportes donde Cuba siempre ha tenido un nombre. Pero más allá de los resultados puntuales, la pregunta que debemos hacernos es si estamos creando las condiciones para que ese talento se desarrolle plenamente aquí, con seguridad jurídica, con incentivos reales, con la libertad que permite a cada individuo dar lo mejor de sí. Porque al final, la verdadera victoria no es solo una medalla, sino ver a nuestra gente prosperar en su propia tierra, gracias a su esfuerzo y talento.

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