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Joseph Brodsk: de niño malcriado a Premio Nobel

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En 1948, en un rincón de Polyany, Rusia, un niño de diez años llamado Joseph Brodsky recibía uno de los informes escolares más duros que se puedan imaginar.

“Testarudo. Perezoso. Grosero. Interfiere en clase. Hace los deberes mal o no los hace. Sus cuadernos están sucios y llenos de garabatos. Podría ser un excelente alumno… pero no lo intenta.”

Joseph no era el favorito de sus maestros. Aborrecía la escuela soviética. Se aburría, cambiaba de colegio una y otra vez, repitió curso… y en octavo, lo dejó todo. Dijo que no volvería jamás. Y cumplió.

Pero mientras los libros de texto no lograban atraparlo, las calles de Leningrado sí. «Las fachadas de las casas decían más sobre los egipcios, griegos y romanos que cualquier aula», escribiría más tarde.

Sin escuela. Sin títulos. Sin futuro asegurado.

Y aun así, con palabras que nacieron del exilio, del silencio y de la belleza, Joseph Brodsky conquistó el mundo. En 1987, el niño desordenado, que garabateaba en los márgenes de sus cuadernos, se convirtió en Premio Nobel de Literatura.

A veces, las notas no miden el talento. Solo lo incomodan. (Tomadod e Datos Históricos)

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