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Jorge Martín cumple 43 años en una cárcel de Mayabeque: el régimen le robó la libertad, pero no la dignidad

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Por Jorge Sotero ()

La Habana.- Hoy, 11 de marzo, Jorge Martín cumple 43 años. En San José de las Lajas, su casa debería estar llena de abrazos, de risas, de esa mesa familiar que se alarga para celebrar la vida. Pero no. La casa está vacía. O no vacía, pero sí rota. Porque desde hace casi seis años, Jorge Martín no está. Lo metieron preso. A él y a su hermano. Los acusaron de no se sabe qué, les fabricaron una causa, les colgaron un expediente, y los encerraron. Todo por salir a la calle el 11 de julio de 2021. Por marchar pacíficamente. Todo por pensar diferente.

La madre de Jorge, Marta Perdomo, escribió un mensaje que debería leerse en cada plaza, en cada parlamento, en cada rincón del mundo donde todavía quede un resto de humanidad. Dice así: «Hoy 11 de marzo, mi hijo Jorge Martín cumple 43 años de vida. Debíamos estar en casa esperando las 12 de la noche para felicitarlo, pero desgraciadamente este régimen que no quiere que nadie piense diferente los encerró en las mazmorras, por el solo hecho de pensar diferente, por querer lo que quiere todo el pueblo de Cuba: libertad». Eso es todo. Es lo que han hecho. Eso es lo que sigue pasando mientras el mundo mira hacia otro lado.

En Mayabeque, provincia donde el control se ejerce con mano de hierro, las autoridades locales, con la ayuda de esa tristemente célebre Seguridad del Estado, fabricaron la causa. No había pruebas, no había delito, no había nada más que el hecho de que dos hermanos se atrevieron a caminar por su pueblo y a decir lo que millones piensan en silencio. Y por eso, casi seis años después, Jorge Martín sigue preso. Su hermano también. La familia, partida. El padre, esperando. La madre, seguramente, rezando.

Un hijo digno de una familia digna

Su madre lo dice con una dignidad que abofetea: «Estamos muy orgullosos de ti y de tu hermano, por tu resistencia y honestidad». Orgullosos. La palabra que deberían decir todos los padres de este país cuando ven a sus hijos convertirse en personas de bien. Pero aquí, en esta Cuba de las contradicciones, estar orgulloso de un hijo preso es un acto de resistencia. Es un desafío. Es una forma de decirle al régimen: «Pueden encerrarlos, pero no pueden doblegarlos. Pueden torturarlos, pero no pueden callarlos».

Y Marta termina con un deseo que debería ser un derecho: «Feliz cumpleaños, Jorge Martín Perdomo. Esperamos en Dios que tu próximo cumpleaños estemos juntos en familia y regreses a nuestro hogar del cual nunca debiste de haber salido». Del cual nunca debiste de haber salido. Esa frase es un puñetazo en la mesa. Porque Jorge no debió salir de su casa. No debió ser arrancado de su vida, de su trabajo, de sus afectos. No debió pasar casi seis años en una celda por el simple acto de querer una Cuba distinta.

Pero ahí está. Cumple 43 años entre rejas. Mientras tanto, en San José de las Lajas, la vida sigue. El pueblo sigue. La dictadura sigue. Pero Jorge sigue también. Con la dignidad intacta, con la resistencia como bandera, con la certeza de que su padre, su madre, su hermano y todos los que lo queremos seguimos aquí, esperando, luchando, exigiendo. Porque los presos políticos no son números. Son nombres. Son historias de familias rotas que cada 11 de marzo, cada 24 de diciembre, cada domingo cualquiera, celebran la vida de un ser querido que no está. Que debería estar. Que estará. Porque al final, la libertad siempre termina ganando. Aunque tarde. Aunque duela. Y aunque Jorge tenga que en una cárcel. Pero no. Dios quiera que no. Que el próximo sea en casa. Con sus padres. Con los suyos y con la libertad que nunca debió perder.

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