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India no fue solo Gandhi: el contexto que la leyenda olvida

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Por Albert Fonse ()

Vancouver.- Hay personas que, equivocadamente, ponen como ejemplo absoluto la desobediencia civil y la lucha pacífica asociada a Mahatma Gandhi sin analizar el contexto real en que ocurrió la independencia de India. Se repite la fórmula como si fuera universal, como si cualquier dictadura fuera a desmoronarse simplemente con resistencia moral.

Primero, la estructura del poder era distinta. India no estaba enfrentando a un tirano doméstico cuyo destino personal dependiera de mantenerse en el poder. Estaba enfrentando a Reino Unido, una potencia colonial con Parlamento, elecciones, prensa y opinión pública capaces de generar presión real. Existían costos políticos internos para sostener una represión masiva indefinida. A Gran Bretaña le ocurrió con India algo similar a lo que le pasó a Estados Unidos en Vietnam: la presión de políticos, prensa y población terminó influyendo en la decisión de retirarse. Ese freno institucional no existe en una dictadura cerrada donde el poder está concentrado y sin contrapesos efectivos.

En una dictadura cerrada no existe prensa libre, no hay tribunales independientes ni Parlamento funcional que limite al poder. En el Reino Unido sí había contrapesos internos. La sociedad británica, los medios y sectores del Parlamento debatían el costo moral y económico del imperio. Después de la Segunda Guerra Mundial, la opinión pública estaba cansada del gasto y del sacrificio humano.

Muchas condicionantes diferentes

Mantener colonias implicaba recursos que muchos consideraban necesarios para la reconstrucción interna. Esos debates influían en decisiones gubernamentales. En una dictadura doméstica, el poder no se fiscaliza desde dentro; se blinda. No hay oposición parlamentaria real que cuestione la represión ni prensa que exponga abusos sin consecuencias.

Segundo, el contexto geopolítico era determinante. Tras la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido estaba económicamente debilitado y estratégicamente agotado. Mantener el imperio implicaba costos crecientes y una legitimidad cada vez más erosionada a nivel internacional. La independencia de India formó parte de un proceso global de descolonización, no fue un fenómeno aislado explicado únicamente por la resistencia moral.

Tercero, los incentivos personales eran radicalmente distintos. Los administradores británicos podían retirarse a su país sin enfrentar automáticamente juicios o represalias por el simple hecho de perder el control colonial. Un dictador doméstico y su círculo enfrentan un cálculo existencial: perder el poder puede significar prisión, confiscación o algo peor. Cuando la supervivencia personal está en juego, la disposición a resistir y reprimir es mucho mayor.

La diferencia entre colonia y dictadura

Cuarto, el monopolio de la fuerza. En una dictadura consolidada, el régimen controla ejército, policía, tribunales y medios sin límites internos reales. Si ese aparato permanece cohesionado, puede resistir crisis económicas, sanciones y protestas durante largos períodos. La historia muestra que los regímenes autoritarios tienden a caer cuando el núcleo armado se fractura o deja de garantizar protección absoluta al líder, no simplemente por desgaste moral o presión simbólica.

Quinto, el problema del mito. Mahatma Gandhi fue convertido en símbolo casi sagrado de la no violencia por la prensa occidental, cuando dentro de la India lo consideran un traidor y pedófilo y lo responsabilizan por decisiones que contribuyeron a la partición de la India. Es como Che Guevara para los cubanos: un asesino que participó y supervisó fusilamientos, convertido en mito por la manipulación.

La lucha no violenta tiene su mérito para llamar la atención del mundo sobre los crímenes, pero por sí sola no tumba ni quita a un tirano; las manifestaciones tienen que ser de tomar el poder.

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